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2013-09-06
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FICCIÓN: “UNA AVENTURA EXTRAORDINARIA”: ANG LEE Y LA IDEA ABSTRACTA DE DIOS
Por Tom Seymour
El director ganador de dos premios Oscar ha profundizado los efectos del 3D con su adaptación de “Life of Pi”, construyendo una obra muy personal.
Ang Lee irrumpió en territorios nuevos con su espectáculo profundamente espiritual de un chico varado en el océano con un tigre, avanzando en el medio de la imaginería generada por computadora en 3D; sólo 4 tomas en el film pertenecen a un tigre real. El realizador estaba tan comprometido con la creación de la realidad, que incluso llevó a su equipo al corazón de una tormenta en la costa de Taiwán, para que pudieran observar la intensidad del océano batiéndose en su punto más alto, antes de construir el tanque más grande que se haya hecho.

Cuando leíste por primera vez la novela de Yann Martel, ¿qué pudiste sacar de ella?
Lo que saqué del libro fue la idea de tomar un salto de fe y abrazar algo que no se pueda entender, que no puede ser probado; que es abstracto. Eso es mejor que sólo permanecer en la racionalidad. Comparto algunos de los temas culturales que plantea el libro, en términos de mi propia personalidad e identidad personal. Me encantó la forma en que Yann Martel usó la idea de las minorías étnicas y el colonialismo. También su uso simbólico de personajes; eso es lo que comparto con mi trabajo. El zoológico es un paraíso para Pi, creo que actúa como una religión para él, algo que puede consolarlo, en la vida y más allá de la vida. La idea de Pi perdido en el océano, enfrentando la idea abstracta de Dios, es algo que encuentro profundamente convincente. Fui criado como cristiano por mi madre, pero a los 14 años dejé de rezar e ir a la iglesia. Me metí en el budismo y en trabajos existenciales, por lo que comparto la pérdida del paraíso y la inocencia, el abrazo forzado de la realidad.
La película tiene muy poco diálogo; ¿fuiste influenciado por el cine mudo?
No soy necesariamente el mayor cinéfilo del mundo, pero vi algunas películas mudas cuando hice “Pi”. Se trata de contar visualmente lo abstracto, y ahí se parece a un film mudo. Mucho de la película está en silencio, pero no estamos en la era del cine mudo, por lo que yo traté de recrear esa inocencia creando otra dimensión: el 3D. Creo que estamos en el comienzo de la realización 3D, por lo que hay un equivalente con el fin de la era del cine mudo.
¿Cómo combinaste los aspectos metafísicos de la novela con el sentido de la realidad cinematográfica?
Los directores son codiciosos. Queremos expresarnos, impresionando a la gente. Pero, como medio, el cine es fotorrealista. En la mayoría de los films que vemos, nos vemos a nosotros mismos; nuestras propias caras haciendo expresiones. Hay un inherente realismo en el cine que no existe en la pintura, la literatura o la música. Por herencia tenemos que ser más realistas, y confiar en un flujo más emocional. La credibilidad es vital, y tenemos que lograr eso en la producción. Cuando estás leyendo el libro, Pi podría ser cualquier hombre. Pero, al hacer el film, se convierte en quien es. Tenés que tener alguien a quien mirar, por lo que estás encerrado en el realismo; es la mejor forma de atraer al público al mundo abstracto.
¿Cómo te aseguraste de unir el 3D con la fabricación de la historia?
Me gusta hacer películas holísticamente. Es como tu cuerpo funciona, o como fluye el qi (energía). Si tenés un problema en el pie, no te lo cortás; mirás el resto del cuerpo. La realización es lo mismo; cada cosa debe ser dirigida para que se exprese en la forma más vívida, como un todo.
¿Consideraste hacerla en 2D?
Creo que no podría haberla hecho en 2D. Es un film con agua y sin una gran estrella; tenés personajes en CG – el tigre y el chico en el bote. En muchas formas, el 2D es muy limitado y el 3D te permite meterte más en la historia. Sin embargo, cuando empecé a hacer “Pi”, no sabía nada sobre 3D más allá de caricaturas y terror barato. Pero decidí que una nueva dimensión abriría nuevas posibilidades. El proceso de aprendizaje es confuso e inspirador, porque los directores no conocen el lenguaje todavía. ¿Cómo te expresás en un lenguaje que no conocés?
¿Cuánto tiempo te llevó meterte en la realización 3D?
Cuando tenés una película que cuesta 250.000 euros por día, con 3.000 personas trabajando, es difícil darte el tiempo para aprender propiamente. Todavía soy un novato, lo admito. Pero todos están tratando de aprender este nuevo lenguaje; desde el DF al equipo de iluminación; la audiencia misma. Asusta lo desconocido que es. ¿Qué lentes elegís, por ejemplo, para ganar un sentido de profundidad? Pensarías en gran angulares, porque eso es lo que hacés en 2D. Pero es lo opuesto. El 2D ha sido parte de nuestras vidas por 100 años. Con el 3D, estamos tanteando en la oscuridad. Pero lentamente empezás a entender como funciona en términos de puesta en escena, transición y montaje. Recién estamos empezando.







