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2019-10-17

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FICCIÓN: MONOS, DE ALEJANDRO LANDES: QUIZÁ LA BESTIA SOMOS NOSOTROS

La representante de Colombia al premio Oscar acumula más de 20 premios internacionales, deslumbrando y aterrando a las audiencias por partes iguales.

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Monos (Alejandro Landes – 2019): “A mí me llama la atención contar una historia que tal vez está debajo de nuestras narices y presentarla de manera distinta. A Monos la han escogido en festivales de cine fantástico y sin embargo es algo cercano. Mucha gente en Bogotá me ha preguntado dónde filmé y se sorprenden cuando les digo que estamos a tres horas de allí, en Chingaza. Y el río Samaná, que es el otro escenario, no está muy lejos de Medellín tampoco. Pero el contexto de las cosas, la magia entre los chicos, sus uniformes, la situación, ellos, el lugar. Al igual, no sé, que Andy Warhol agarra una lata de la sopa Campbell, algo que mucha gente veía todo el tiempo en un supermercado, pero la presentaba de una manera que no se había visto. Eso es contar lo obvio desde una perspectiva diferente. El contexto es todo cuando tomas ese camino”

El director Alejandro Landes es una especie de autodidacta. Su escuela de cine no fue en las aulas, sino en los museos que recorrió en su juventud, en las exposiciones de fotografías que visitaba sin parar y en la cantidad incalculable de películas que vio durante su vida, desde las que repetía hasta el cansancio con su papá hasta las que vio durante su residencia de directores en París, gracias a una beca del festival de Cannes.

Su primera película fue Cocalero, un documental sobre el cultivo de la hoja de coca y sobre la primera campaña presidencial de Evo Morales, en Bolivia, cuando nadie daba un peso por su candidatura. Después vino Porfirio, producción sobre el primer secuestrador en silla de ruedas –que era colombiano–, y ahora ofrece su tercera obra, Monos. Sus largometrajes han sido premiados en festivales como Sundance y San Sebastián.

La enviada a Hollywood para representar a Colombia en la categoría Mejor Película de Habla no Inglesa es un acercamiento al conflicto armado del país a través de la mirada de un grupo de chicos que se ven involucrados en la guerra, al mejor estilo de El señor de las moscas. A la manada de niños le encargan el cuidado de una secuestrada (Julianne Nicholson) que si bien puede evocar la historia del secuestro de Ingrid Betancourt, no está basada en esta historia: “Puede haber parecidos, pero no va por ahí, es una historia completamente diferente”, afirma Landes. Porque el protagonista principal son los chicos, que siguen viendo la guerra como un juego más, un juego muy salvaje, y que además sirven como metáfora para responder a esas preguntas que nos hacemos como sociedad: ¿quiénes somos, quiénes queremos ser, hacia dónde queremos ir y qué estamos dispuestos a hacer para alcanzarlo?

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La actriz estadounidense Julianne Nicholson interpreta a la doctora secuestrada a quien los chicos deben vigilar en Monos (Alejandro Landes – 2019): “Julianne sintió que era algo que jamás había hecho, era un gran reto para ella y fue muy insistente para hacerse con el papel”

Landes cuenta: “Yo lo que intento es generar una especie de incomodidad en el espectador a través de la no clasificación. Tú dices: ‘Estoy viendo un documental’, y es como que te relajas porque sabes lo que estás viendo. Si sabes que estás viendo algo fantasioso, sabes lo que es y te da una cierta comodidad. Cuando eres capaz de nombrar algo te da una cierta tranquilidad. En cambio en Monos, al igual que Porfirio, estaba buscando una línea muy delgada entre la ficción y la realidad; por eso, en ambas películas aunque aparentan ser diametralmente opuestas, en ambos casos el personaje de repente mira a cámara, rompe ciertas reglas cinematográficas, hay algo muy corporal, muy físico, muy sensorial. Y también hay algo que me parece interesante entre el naturalismo de un rostro que tal vez nunca ha estado en cine, que no tenga experiencia, pero con una puesta en escena supremamente estilizada. Entonces dices: ‘Bueno, lo que estoy viendo parece natural, pero la puesta en escena es tan estilizada que sé que no es documental’. Entonces, creo que hay una tensión muy fuerte que puede ser hiper realista, llevar las cosas a un nivel mágico que no necesariamente tiene que ser fantástico. Creo que hay mucha magia en el mundo físico, y por eso exploro esa línea y me llama tanto la atención.”

La película navega entre una historia de guerra clásica y de adolescencia, ese momento íntimo en el que uno deja de ser chico pero tampoco es adulto y en el que buscamos una etiqueta, una pertenencia al grupo; ese momento es el que atraviesan los ocho adolescentes que componen ese grupo, interpretados por Sofia Buenaventura, Moises Arias, Laura Castrillón, Paul Cubides, Sneider Castro, Karen Quintero, Julian Giraldo y Deiby Rueda. Cuenta Alejandro: “Cuando estás jugando con situaciones y locaciones reales, remotas y personajes que jamás han actuado, hay un mayor grado de riesgo, pero eso más bien me emociona, me excita, creo que es algo que me despierta mucho interés. En Monos hay actores tan importantes como Julianne Nicholson o Moisés Arias (Patagrande), que tiene una carrera desde los 10 años cuando actuó en Hannah Montana y, por otro lado, está Sneider Castro, que hace de Boom Boom, que es del Líbano, Tolima, que jamás ha visto una cámara en su vida. Pero el proceso ahí fue diferente; fue un proceso antes de comenzar a rodar de tenerlos juntos semanas viviendo, durmiendo, comiendo, bañándose y todos juntos, creando esa especie de hermandad y cercanía en ese grupo, para que sientas eso. Y en el proceso de conocerlos yo iba reescribiendo el guion, porque lo importante no es proyectar como el papel sobre la persona, sino más bien ver en esa persona una fuente de inspiración y reescribir y entonces se terminan encontrando esas dos cosas. Eso fue lo que hice en Monos, en particular; como el protagonista es el grupo, entonces los puse a vivir juntos para poderlos observar, así vi quién se llevaba bien con quién, quién le coquetea al otro, y yo iba reescribiendo con lo que veía en esa mini sociedad. Y en realidad, cuando arrancamos, yo vi más de 800 chicos a lo largo del país y escogimos como unos veinte, veinticinco finalistas, y hacían ejercicios de improvisación, actuación, entrenamiento físico –para que te creas que son un ejército–, disparaban, y al final, viendo la dinámica con un experimento casi social, salieron los ocho. Lo importante no era qué tan buenos eran individualmente, sino como manada.”

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El director Alejandro Landes en plena selva-set de Monos (2019): “Por lo menos el cine que a mí me llama la atención, creo que es esa cacería, esa búsqueda, donde estás creando algo. Hay un alto grado de incertidumbre, porque aunque escribas un gran guion, una buena película jamás es la ejecución de un guion. No escribes y ejecutas, sino que la vas creando, la vas haciendo. Por eso, no me gusta ni la idea de director de cine sino más bien el de hacedor de cine o, como dicen los ingleses, filmmaker. Porque no es un cargo ejecutivo, es un cargo donde vas construyendo, y una película como Monos es un ejercicio extremo en ese sentido, porque yo no puedo controlar la selva ni el páramo donde va cambiando todo, tengo ocho chicos sin experiencia volando alrededor mío, tengo animales, tengo efectos especiales, efectos digitales. Entonces, ¿cómo se van a alinear las estrellas de una manera en la cual estás supremamente presente y aguantando un alto grado de incertidumbre? El aguantar, el no saber, es tal vez, lo más difícil, pero lo más jugoso de hacer cine”

El director continúa: “Creo que usar chicos, gente joven, fue por tres razones. Una, que nace de algo verosímil y es que tomar un rehén es algo que existe en la guerra desde sus inicios, lo hacían los romanos o cualquier tribu bélica. Por lo general, la manera más económica de cuidar de ese rehén es dárselo al soldado más raso, que está en la retaguardia, y los soldados más rasos tienden a ser los de menos experiencia y por ende los más jóvenes. Así que leí de muchos casos, en Colombia y afuera, de rehenes que no tenían un perfil tan alto y estaban en manos de quienes estaban en la retaguardia, que son jóvenes, chicos, niños. Los mandos altos negocian, pero los mandos más bajos son quienes hacen el día a día. Por otro lado está el conflicto de la adolescencia, que es algo que a mí me interesaba y es algo que todos compartimos. La adolescencia es un momento de gran conflicto, porque te está cambiando el cuerpo, te está cambiando la voz, te salen pelos, quieres pertenecer, pero a la vez quieres estar solo y la idea de quién eres se choca con quién quieres ser. Así que ese conflicto interno adolescente, que es algo que todos podemos compartir, sirve como espejo al conflicto exterior en esta guerra. Y como último, pensé que después de haber hecho la película anterior con un hombre de cincuenta años, quería hacer una película cuyos protagonistas tienen toda la vida por delante, gente joven. Esto me ayudaba a dar una nota de esperanza, de hablar del futuro, de lo que se viene, y sobre todo generar una gran pregunta, ¿quién queremos ser, hacia dónde vamos? Así que al tener gente joven, nos ayudaba a hablar del futuro. Obviamente, esta no es una película que intente decir que los niños no tienen un lugar en la guerra, eso es algo muy simplista y yo no hubiese dedicado años de mi vida a contar una obviedad. Quería ir varios pasos más allá y decir: ‘Bueno, ya en esta situación, ¿qué pasa con estos niños?’.”

Los trabajos previos de Landes tienen una mirada que habla del cine como hecho político: “Nosotros somos animales sociales y como especie somos sociales, y al ser sociales, somos entes políticos; así que creo que son películas políticas, pero no ideológicas y no de noticia, porque creo que el cine tiene otros tiempos y quisiera algo que perdure. Así que no vas a ninguna de mis películas a buscar fechas o nombres o lugares, necesariamente. Mis películas existen como en un mundo propio, hay una cierta universalidad de lo que se cuenta. En el caso de Monos es una alegoría, que como colombiano la puedes ver muy próxima. Hay otra gente que como la película no te dice ni la fecha, ni Colombia, ni mucho menos, lo viven como algo que puede ser Siria o Chechenia u otro conflicto poco convencional. Lo que me parecía interesante era agarrar el género de película de guerra, pero para hablar de algo más cerca de nuestra generación. Tal vez para nuestros abuelos, al hablar de Segunda Guerra Mundial, las líneas de batalla están mucho más claras. En Colombia, las líneas de batalla siempre han sido más borrosas y hay muchos frentes. Si tú le preguntas a un americano hoy en día: ¿de qué lado estás en Siria?, creo que son guerras poco convencionales y hay una bruma. Monos quiere forzarte a entrar a esa bruma, por eso no sabes si están peleando por la derecha o por la izquierda, como que la puesta en escena te fuerza a entrar desde lo humano y no desde un prejuicio, sobre todo en un tema tan delicado como el conflicto colombiano donde la gente está llena de prejuicios. Así que era casi como forzarte a dejar los prejuicios en la puerta, porque genera un gran vacío.”

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Monos (Alejandro Landes – 2019): “Queríamos fotografiar el mundo físico pero hasta el punto de que pareciera mágico. Es real, pero de repente esa neblina, esa atmósfera irreal, le da un toque fantástico. No se trató de retratar la belleza ni crear postales, sino reflejar en los paisajes el interior de los personajes. En la cima de la cordillera estos personajes no dan señales de donde están parados y a medida que te internas en la selva, la puesta en escena se fragmenta, se distorsiona y pierdes tu noción de escala”

El cine colombiano cada vez pisa más fuerte en el extranjero, transitando festivales y cosechando premios y espectadores en todo el mundo – recordemos la primera nominación al Oscar que tuvo el país de la mano de Ciro Guerra y El Abrazo de la Serpiente (2016): “Hay muchas ganas, una gran energía, un empuje y un respaldo. Siento que hay mucho apetito de hacer cosas. Aunque escucho que las cifras de taquilla para el cine colombiano cada vez van bajando en vez de subiendo, cosa que es un desaliento. Pero creo que estamos haciendo cosas, más de lo que la gente se imagina. Lo que creo que es importante también pensar es – y voy a decir algo muy poco popular – que finalmente las banderas funcionan para divertirse un domingo, en un partido de fútbol, pero lo más bonito que tiene el cine es que rompe fronteras y es importante que el cine colombiano se vuelva simplemente parte de un lenguaje universal. Hollywood lo que tiene es que incorpora talentos polacos, mexicanos, de donde venga, y pues eso es lo que tiene que hacer Colombia. No es un ejercicio de mirarse el ombligo, sino de mirar al mundo.”

FUENTE: www.eltiempo.com