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2024-04-04

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FICCIÓN: LA ZONA DE INTERÉS, DE JONATHAN GLAZER: DEL OTRO LADO DEL MURO

El potente relato del director británico basado en la novela de Martin Amis ganó el Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa en la edición de este año.

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La Zona de Interés (The Zone of Interest – Jonathan Glazer – 2023). En el archivo de Auschwitz había un solo rollo de película, probablemente tomada por el propio Rudolph Höss, de fiestas y chicos: “Una familia feliz en un jardín trasero que sigue con sus vidas. No hay evidencia en estos fotogramas de que el muro del campamento fuera en realidad el muro del jardín. No lo filmó. Eso te dice mucho”. Y continúa: “Es simplemente demasiada oscuridad, demasiado peso, demasiada responsabilidad. Empezás a cuestionar tus motivos; es un lugar de mierda para encontrarte a vos mismo. Y me acuerdo que mi esposa me dijo: ‘Pero tu trabajo es girar esa cámara y filmar esa pared que ellos no filmaron. Eso es exactamente lo que estás haciendo ahí.’ Sabía que ese muro era el centro de todo el proyecto”. La película ganó el Oscar al Mejor Sonido, entre muchos otros premios.

Jonathan Glazer creció en Hadley Wood, cerca de Barnet, en las afueras del norte de Londres, donde su familia formaba parte de una próspera comunidad judía: “Estaban todos estos personajes fantásticos que entraban y salían de mi casa cuando yo era chiquito” arranca. “Muchos de ellos eran judíos del East End que se habían mudado a los suburbios en busca de una mejor calidad de vida, no personas superintelectuales sino artistas increíbles: músicos de vodevil, escritores y similares. Cuando era chico, amaba y absorbía la riqueza de esa cultura”. Dice que del Holocausto nunca se habló abiertamente en su casa, pero “siempre estuvo presente”. Cuando su difunto padre se enteró hace años de que estaba haciendo una película sobre Rudolf Höss, el comandante nazi de Auschwitz, su reacción fue de ira mezclada con consternación: “Me dijo: ‘No sé para qué hacés eso. ¿Por qué lo desenterrás? Dejalo pudrirse.’ Esas fueron las dos palabras que usó. Su sensación era en gran medida que ya no existía, que estaba en el pasado. Me acuerdo que le dije: ‘Me gustaría mucho poder dejar que se pudra, pero no, papá, no es cosa del pasado’”.

A Glazer le llevó casi 10 años realizar La Zona de Interés (The Zone of Interest). El título refiere al término característicamente neutral utilizado por los nazis para describir el área inmediata alrededor del campo de concentración. “Tuve una relación muy extraña con el proyecto desde el principio. Este era el camino por el que iba y no podía evitar seguirlo, pero al mismo tiempo estaba listo para abandonarlo en cualquier momento. Casi quería golpearme contra una pared de ladrillos para poder darme vuelta y decir: ‘¿Sabés qué? Lo intenté y no puedo hacerlo’. Estaba casi dispuesto a que eso pasara”.

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La Zona de Interés (The Zone of Interest – Jonathan Glazer – 2023). Los únicos momentos de esperanza de la película pasan de noche y fueron filmados con una cámara termográfica. Una chica, casi fantasmal ante la cámara, se mueve clandestinamente a través de una obra en construcción debajo de una vía de ferrocarril que llega al campo. Pone manzanas en la tierra para que los prisioneros hambrientos en servicio las encuentren al día siguiente: “Ese pequeño acto de resistencia, el acto simple, casi sagrado, de dejar comida, es crucial porque es el único punto de luz. Todo era muy denso y oscuro. Me parecía imposible mostrar solo la oscuridad total, así que busqué la luz en alguna parte y la encontré en ella. Ella es la fuerza para el bien”

Filmada principalmente con cámaras ocultas, se concentra en la vida doméstica de la familia Höss – Rudolf (Christian Friedel), su esposa Hedwig (Sandra Hüller) y sus cinco hijos – cuya casa se encontraba justo fuera del perímetro del campo de concentración, cuyo horror en el interior se sugiere en destellos de chimeneas humeantes y, lo que es más inquietante, a través de un paisaje sonoro ambiental casi constante de ruido industrial, gritos y llantos humanos. Se rodó en Auschwitz, donde, tras obtener el permiso de los administradores del museo del lugar, el equipo de Glazer se hizo cargo de una casa vacía justo fuera del perímetro del campo y, utilizando fotografías de archivo y testimonios de sobrevivientes, recreó meticulosamente la villa en la que vivió la familia Höss durante casi cuatro años. A diferencia de otras películas sobre el Holocausto, ésta se centra en los perpetradores más que en las víctimas, y la cámara nunca se desvía más allá del muro que separa el jardín del comandante del propio campo.

El director elige mostrarnos las actividades domésticas de este matrimonio y su familia, incluyendo picnics en el parque, chapuzones en la pileta, encuentros sociales con amigas de parte de la dueña de casa, etc, siempre atendidos por personas locales: “Reconocer a la pareja como seres humanos fue una gran parte de lo terrible de todo este viaje de la película. Pensé que, si podíamos hacerlo, tal vez nos veríamos a nosotros mismos en ellos. Para mí, esta no es una película sobre el pasado. Se trata del ahora, de nosotros y de nuestra similitud con los perpetradores, no de nuestra similitud con las víctimas”. Dice que no se trata tanto de examinar la ideología nazi sino de algo más profundo dentro de la humanidad: “Tenés que llegar a un punto en el que entendés la ideología hasta cierto punto para poder escribirla; me interesó hacer una película que fuera más allá de eso, hasta el fondo primordial de todo, lo que hay en nosotros que nos impulsa, la capacidad de violencia que todos tenemos”.

Jonathan cuenta que empezó a pensar en La Zona de Interés cuando leyó la novela homónima de Martin Amis, poco después de su publicación en 2014. Una vez asegurados los derechos con su productor, Jim Wilson, ambos comenzaron lo que se convertiría en varios años de intenso y meticuloso trabajo de preparación previa a la producción: “Nuestra lectura en realidad nos alejó del libro y nos adentró en las fuentes primarias de Amis. Cuantos más fragmentos de información descubríamos sobre Rudolf y Hedwig Höss en los archivos de Auschwitz, más me daba cuenta de que eran gente de clase trabajadora que querían ascender. Aspiraban a convertirse en una familia burguesa como muchos de nosotros lo hacemos hoy. Eso era lo grotesco y sorprendente de ellos: lo familiares que nos resultaban”. Lo ordinario de la pareja se transmite en una serie de escenas que a veces fueron escritas, a veces improvisadas y filmadas con pequeñas cámaras estáticas escondidas por toda la casa y el jardín. Los actores no sabían exactamente dónde estaban colocadas. Glazer y su equipo permanecieron ocultos en todo momento, observando los resultados en un banco de pantallas en un edificio separado. El resultado es un cine de vigilancia sincera y ultranaturalista que Glazer describe en broma como “como el Gran Hermano de la casa nazi.” Su objetivo, dice, era que la película pareciera “sin autor”. Sin embargo, aclara que “no podés retroceder hasta ese punto, aunque desearía que se pudiera. Pero la ambición está ahí. La razón por la que no estuve en el set fue porque quería alejarme de los personajes y mirarlos antropológicamente. No me interesaban sus dramas. Sólo quería observarlos de la manera más libre posible para ver cómo se comportaban y actuaban, para ver quiénes eran”.

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El director Jonathan Glazer dando indicaciones en el set de La Zona de Interés (The Zone of Interest – 2023): “No quería quedar atrapado en la psicología cinematográfica de un actor. Sentí que necesitaba filmar esto de alguna manera como si estuviera filmando a personas reales. Necesitaba creer que eran las personas que estaban retratando antes de que alguien más pudiera creer”

Hedwig está constantemente ocupada, ya sea dando órdenes a sus secuaces o preocupándose por el estatus de su marido en las siempre cambiantes lealtades del círculo íntimo del Reich. El cineasta explica que al escribir el papel, pensaba constantemente en la descripción que hizo la filósofa Hannah Arendt de los nazis como esencialmente no pensantes: “Existía la sensación de que nada ni nadie debería detenerse. Todo el mundo tenía que estar ocupado con actividad todo el tiempo, porque si te detenés, pensás. Y, si pensás, reflexionás. Con Hedwig no hay reflexión, no hay consideración alguna por nada ni por nadie excepto por ella misma. Está constante e implacablemente ocupada para no pensar”.

Cuando visitó Auschwitz por primera vez, Glazer fue a la casa de los Höss y, para su sorpresa, la encontró habitada por una familia polaca que había vivido ahí desde el final de la guerra: “Vi los restos del jardín y su proximidad al campamento y al muro, y fue escalofriante. Después entré al campo y miré la pared desde el otro lado, tratando de imaginar lo que los prisioneros debían haber escuchado. Seguramente habrían oído alegría y regocijo cuando los chicos Höss reían y chapoteaban en la pileta. La película trata sobre la proximidad del horror y la felicidad, de cómo el paraíso de una persona es el infierno de otra”.

FUENTE: www.theguardian.com | www.latimes.com