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2020-09-30
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FICCIÓN: GREYHOUND, DE AARON SCHNEIDER: LA AMENAZA INVISIBLE
Tom Hanks es el protagonista (y también guionista) de este drama naval ambientado en la Segunda Guerra Mundial que se estrenó en la plataforma Apple TV+.

Aaron Schneider tiene una amplia trayectoria como Director de Fotografía en televisión, y también ganó un Oscar en 2004 por su cortometraje Two Soldiers. El tema bélico no le resulta ajeno, ya que en esa oportunidad se trataba de una historia de dos hermanos en el marco brindado por el reciente ataque a Pearl Harbor, que dio lugar a la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. En Greyhound, su segunda largometraje como director tras el drama El Funeral: Una Fábula Verdadera (Get Low – 2009), repite el mismo período histórico con un relato escrito por el actor Tom Hanks, quien da vida al recientemente promovido Capitán Krause, un hombre de profundas creencias religiosas que se ve en la dura premisa de proteger un convoy de 37 barcos aliados perseguido por submarinos alemanes.
Schneider comienza: “Empecé como director de fotografía, así que tuve una trayectoria como director y DF en publicidad, pero el tema de dirigir estaba en el fondo de mi carrera. Me permitió ser más selectivo sobre lo que quería hacer con un largometraje. Pasé mucho tiempo tratando de encontrar algo que me inspirara y realmente no podía encontrar nada. En cierto modo me comprometí a esperar hasta que llegara algo en lo que sintiera que podía contribuir, y Greyhound fue eso.”

Tom Hanks también produce el film, además de protagonizarlo y escribirlo, y Aaron cuenta que “cuando me llegó el guion, mi primer instinto al ver lo que había escrito fue que era algo personal. Tenía una especie de cualidad única que lo atrajo como guionista, lo que me entusiasmó mucho, ya que él ha hecho algunas películas increíbles como actor y ha tenido colaboraciones impresionantes, pero esos momentos de su carrera en los que decide hacer algo un poco fuera de las estructuras o prueba algo nuevo son especiales: si mirás su currículum, es muy selectivo sobre las aventuras que emprende cuando se desvía e intenta algo nuevo. Y ser parte de eso… Ser parte de una de las pequeñas aventuras de Tom Hanks era realmente atractivo, porque significaba que ibas a tener una relación creativa única con él, que tal vez algunas de las otras personas que han trabajado con él no llegaron a tener.” El director continúa: “No solo vas a dirigir a Tom Hanks, sino que te vas a sentar a mirar films, hablarás sobre lo que podría ser la película y desarrollarás más el guión; es participar en un proceso creativo muy diferente al de los actores que aparecen en el set con una relación clásica entre director y actor. Habiendo admirado su trabajo, no solo como director, productor e incluso como guionista, por ejemplo, en la miniserie de HBO Band of Brothers (2001), eso fue atractivo y emocionante. Simplemente nos sentamos y nos conocimos. Nuestro primer encuentro fue solo él y su perro en una habitación. Pasamos el rato y hablamos sobre cineastas y cine. Conocimos los gustos de cada uno, hablamos sobre las películas que amamos. Como director de fotografía, le pregunté sobre algunos de los increíbles DFs con los que había trabajado en su carrera. Me contó historias sobre ellos. Al final de la reunión, ambos nos sentimos tipo ‘Bueno, parece que podríamos hacer una película juntos, ¿no?’ Sucedió orgánicamente. Él dijo: ‘Ok, ¿por qué no venís y conocés a Gary?’ Regresé para conocer al productor Gary Goetzman y antes de que te des cuenta, éramos un equipo. Luego, por supuesto, FilmNation se incorporó como inversor. Poco después, Sony se hizo con los derechos mundiales y nos pusimos en camino.”
La odisea del destructor Greyhound dura cinco días, y en la historia, cada hora cuenta: “Bueno, la estructura de cualquier película está incorporada en el guión. Así que, ante todo, esa fue una elección que tomó Tom cuando adaptó el libro (The Good Shepherd de C.S. Forrester). Creo que desde el principio, su objetivo fue llevarte literalmente a la cabina del piloto de un destructor de la Segunda Guerra Mundial. Meterte en una máquina del tiempo, tirar de la palanca y de repente te materializás sobre el hombro de un capitán en medio del Atlántico, quien está a punto de atravesar esta experiencia y ahora tenés que seguirlo; tenés que abrirte camino en su vida. Nosotros y el guión no vamos a hacer mucho trabajo por vos. Vas a tener que participar en esto. Vas a tener que hacer un acto de fe. Vas a tener que mirar alrededor, vas a tener que absorber lo que hay. Vas a tener que encontrarle sentido porque estos hombres no tienen tiempo para contarte una historia. Estás acá como visitante para presenciar lo que implica este tipo de trabajo, de qué están hechos los sacrificios. ¿Cuál es la vida por la que pasaron estos hombres para lograr lo que lograron? En ese sentido, Tom se esforzó por lograr una película muy basada en la experiencia. No iba a ser el tipo de película en la que alguien se sienta en su litera hablando de su chica en casa o yace herido en el campo de batalla, pontificando sobre la vida que debería haber vivido. Nadie se detiene para hacer un soliloquio de guerra, para dar poesía al acontecer. Se trataba de sumergirte en la experiencia y brindarte el drama auténtico y absoluto de lo que se necesita para lograr lo que Krause y su tripulación lograron al final de la película. Al presenciar eso, llegás a apreciar lo que él pasó como ser humano, como capitán, y los sacrificios y contribuciones que hicieron todos estos hombres. Tom y yo tuvimos muchas conversaciones sobre cómo eso se traducía en lo que la cámara miraría y lo que no miraría. Cuál sería su punto de vista, cuáles serían las reglas en términos de mantener este tipo de visita a la ‘máquina del tiempo’. Cómo íbamos a mover a nuestro visitante a través de la historia y de cada escena, o sea, el ritmo de la película. Parte de eso fue ser implacable con la estructura. Las películas suelen tener picos y valles para confortar a la audiencia. El público está acostumbrado a los ritmos de una película, el giro del primer acto, el midpoint, etc. Si bien teníamos una arquitectura para la historia, tampoco estábamos tan interesados en los ritmos convencionales de una película. Principalmente porque las vidas que vivían estos tipos y la forma en que se presentaba el peligro minuto a minuto o día a día, no era predecible en sí misma. Entonces, ¿por qué debería serlo la estructura? La naturaleza implacable y el tipo de sensación ‘arrítmica’ de la estructura es absolutamente a propósito.”

Greyhound estaba pensada para un estreno convencional en salas de cine a cargo de Sony, pero la pandemia de Covid-19 cambió el juego, haciendo que la película fuera directo a streaming via Apple TV+. El director explica que: “Estamos viviendo en un mundo en el que cada fin de semana nos sacamos un trozo de nuestro futuro y lo pateamos por el camino. Cada fin de semana es un fin de semana perdido en el que una película no puede salir. Cuando comencemos a volver a los cines, la gente se distanciará. Tenemos que estar seguros al respecto, para que la gente se sienta cómoda. Lo que significa que no vamos a llenar los cines de la misma forma que solíamos hacerlo. Eso se traduce matemáticamente en que tenemos el mismo número de salas, pero su capacidad estará disminuida. Lo que significa que no pueden poner tantos ojos delante de tantas películas. De modo que eso en sí mismo se vuelve casi como un cuello de botella hasta el día en que todos puedan sentarse uno al lado del otro con su pochoclo. Y finalmente, el embudo se abra y todo comience a fluir como solía hacerlo. Eso significa que cada maldito fin de semana, todos en la fila chocan unos contra otros mientras la gente intenta pasar por la puerta. Cuando la puerta finalmente se abra, todos necesitarán un tiempo para encontrar un asiento. Y qué implica todo esto: como cineastas, necesitamos público. No hacemos estas películas para nosotros mismos. Las hacemos para el público. Entonces, mis sentimientos sobre Apple TV son: este es el mundo que nos dice que esta es nuestra audiencia en este momento. No se trata de lo que querés o de que uno sea mejor que el otro. Se trata de que el mundo te dice que si tenés una película en este momento y querés público, acá es donde está. Y estoy agradecido de tener público.”
Aaron tiene en posproducción un proyecto como director bastante diferente a éste. Se llamará Bum’s Rush, y hará foco en la relación que se establece entre una diseñadora de calzados (Anne Hathaway) y un perro callejero animado con la voz de Bill Murray: “Lo de Bill Murray no es tanto un perro callejero que habla, sino más bien, es como un coro griego. Es un narrador. Es una película única, difícil de resumir en una frase. Es un drama visto a través del ojo mental de un perro, que narra lo que estamos viendo. Ahora, con respecto al cambio de registro entre una película y otra, puedo decir que mi primera película fue de la época de la depresión que tenía el tenor, el tono y el ritmo de un cuento popular. En El Funeral, el viejo ermitaño que vive en el bosque decide tener su propia fiesta funeraria antes de morir. Luego, mi siguiente película fue con Tom Hanks en alta mar con armas, explosiones y guerra naval, que terminó siendo una transición en sí misma. No tomo decisiones sobre las películas que quiero hacer en función del género o cuántas explosiones tiene. Realmente se trata de encontrar una forma de entrar en una historia por la que realmente sentís algo. Las armas, los ermitaños, las cabañas de troncos o las calles de época: ese es solo el escenario. Ahí es donde tiene lugar la historia y lo que sucede dentro. Será una experiencia diferente en el set, pero soy yo quien asuma otra historia que realmente me conmueve y emocione.”







