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2021-07-29
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FICCIÓN: EL OLVIDO QUE SEREMOS, DE FERNANDO TRUEBA: TODO SOBRE MI PADRE
El director español adapta el libro de Héctor Abad Faciolince contando la historia de un doctor activista por los derechos humanos en la Medellín de los años 70.

Basada en el libro homónimo, El Olvido que Seremos es una película que nos presenta a Héctor Abad Gómez, destacado médico y activista por los derechos humanos en la Colombia polarizada y violenta de los años 70. La historia relata la vida del doctor, padre de familia preocupado tanto por sus hijos como por los chicos de clases menos favorecidas. En la familia Abad se respira la vitalidad y la creatividad características de una educación fundamentada en la tolerancia y el amor. David Trueba firma el guion de la adaptación de este relato íntimo, visto desde los ojos de su hijo Héctor Abad Faciolince, uno de los escritores más destacados de la Colombia contemporánea y que escribió este libro en homenaje a su padre asesinado en Medellín por los paramilitares en agosto de 1987. El libro se convirtió en un best seller que vendió más de 300.000 copias en todo el mundo y que ha sido traducido a más de doce lenguas y vendido a más de 20 países.
Fernando Trueba, director nacido en Madrid y nominado al Oscar en 2012 por la animación Chico & Rita, llevaba sin rodar desde 2016 cuando hizo La Reina de España con Penélope Cruz – continuación de su film La Niña de tus Ojos (1998). Cuenta que “cuando leí por primera vez el libro me conmocionó, algo que probablemente les ocurrió a los miles de lectores en todo el mundo que lo han convertido ya en un clásico de su tiempo. A lo largo de los años he comprado el libro numerosas veces, en distintos países, en distintos idiomas (francés, portugués, inglés…) para dárselo a amigos muy queridos, no a simples conocidos”. Cuando le llegó la propuesta de adaptarlo y dirigirlo para la pantalla grande, “pensé ‘¿cómo competir con algo tan verdadero, tan esencial, tan delicado, tan doloroso, tan real?’ Por ello mi primera reflexión, ante tan ‘feliz’ ofrecimiento, fue de desconfianza, susto, ¿miedo? Me preocupaba también el tiempo. En el libro pasan más de veinte años. ¿Cómo solucionar cinematográficamente, es decir ‘artificiosamente’, ese primer, inmediato y no menor problema? La adaptación del libro se enfrenta a este problema temporal, que no solo es narrativo sino también logístico, concentrando la acción en dos épocas: la infancia de Héctor hijo y la muerte de Héctor padre, y reorganiza el material alrededor de esos dos ‘momentos’. Pero poco a poco, incluso la estética de la película comenzaba a despuntar en mi imaginación, con dos estilos, dos tratamientos, uno para cada una de las épocas, pero que deben complementarse, iluminarse y darse sentido mutuamente.”

Trueba analiza: “Siempre que me enfrento a una adaptación me viene a la memoria el viejo chiste de Hollywood: dos cabras buscan comida entre la basura y una está comiéndose una bobina de película. ‘¿Qué tal?’, le pregunta la otra. ‘Me gustó más el libro’. Tratándose de El Olvido que Seremos, el chiste de la cabra es más real que nunca, pero también la cobardía más cobarde. Pues si se trata de un libro necesario, y este es el caso, y no solo para Colombia, ni siquiera para Latinoamérica, sino para todos los habitantes de este maltratado planeta, ¿la película no es necesaria también? Las posibilidades de llegar a más… -iba a decir ‘público’- personas con el cine son mucho mayores que con la literatura. Entonces la novela debía llevarse al cine, los valores que defiende esa historia que nos remueve por dentro, que a nadie deja indiferente porque a todos nos afecta, debía ser contada y recontada. Aunque solo sea con la esperanza de hacer un poco mejor este mundo o, más modestamente, de que más miles de personas lean el libro.”
El Olvido que Seremos no ha sido solo una experiencia de 10 semanas de rodaje, sino que Trueba se mudó durante meses a Colombia y convivió con la familia Abad, empapándose de la cultura colombiana para poder contar una historia idiosincrásica en la que era difícil que un forastero pudiese transmitir el ritmo, el color, las vibraciones del tiempo y del lugar. “Para mí las películas son un viaje, un aprendizaje real. Para mí la película perfecta es la que ocurre en otro lugar, y es lo que he intentado hacer en la mayoría de mis películas, casi sin proponérmelo.”
“He tenido que hacer mucha documentación”, admite. “Aparte de buscar los lugares del libro, de conocer a la familia y pasar tiempo con ellos, de ver y escuchar las historias de Medellín, tuve que empezar por estudiar la historia de Colombia, porque para entender cosas de ahora y de los años 80, cuando tiene lugar la película, tienes que retrotraerte a lo mejor 100 años, porque son conflictos enquistados. Aun así, por mucho que te documentes tienes que confiar y consultar a quienes están a tu alrededor. El director artístico, Diego López, me ha dado mucha tranquilidad desde el punto de vista artístico y estético, pero también de recreación de los espacios. Lo bueno es que es una película con trasfondo histórico, pero centrada en la familia, lo que te permite acotar. El contexto es importantísimo, pero también me centro en los sentimientos.”

Una vez que aceptó encabezar la película, el principal reto era encontrar al protagonista de una historia tan personal. Pero, mucho tiempo antes, la casualidad entró en juego y puso en su camino a Javier Cámara. “Antes de que este proyecto existiera, Javier pasó por casa antes de irse a Colombia a hacer Narcos y le recomendamos el libro. Al volver, nos trajo el documental Carta a una Sombra (2015) de Daniela, la hija de Héctor Abad y Miguel Salazar. Y cuando me ofrecieron esto pensé en él y dije: ‘Qué pena que no sea colombiano’. Pero, en su primer correo electrónico, Héctor Abad me dijo que le recordaba mucho a su padre”, explica Trueba. El resto de los actores fueron seleccionados en un casting en el que el cineasta se sintió más libre que nunca, porque no conocía el star system del país.
El rodaje de la película, galardonada con el Premio Goya a la Mejor Película Iberoamericana y que fue seleccionada como candidata a los Oscar por Colombia contó con la visita de algunos familiares y amigos del protagonista. Pero, sin duda, el momento más emotivo fue cuando su hijo vio el resultado final. “Nos dijo que no había podido verla casi, había tenido una cortina de lágrimas. Estaba en estado de shock. De hecho, siempre que venía al rodaje se tenía que alejar llorando”, relata el director.
Sobre la experiencia de trabajar con un equipo colombiano, Fernando dice “ni en mis mejores sueños podría haber imaginado la experiencia. Realmente el nivel humano y profesional de actores y técnicos es difícilmente superable. Ha sido una experiencia feliz. Tengo nostalgia del rodaje, de mi equipo. Los echo de menos… Espero repetir con algunos de ellos en próximos proyectos.”







