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2026-03-12
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FICCIÓN: EL AGENTE SECRETO, DE KLEBER MENDONÇA FILHO: RETRATO DE UNA ÉPOCA

El director Kleber Mendonça Filho notó algo en las películas de acción modernas. Durante los últimos 10 años, y especialmente ahora que quienes trabajan en sus producciones le preguntan dónde y cuándo quiere usar cámaras de dron, siempre hay una toma de dron como parte de una secuencia de persecución que pasa zumbando junto a una caravana de autos. Pero no es así como este director querría rodar una secuencia de acción. De hecho, demuestra en su última película, El Agente Secreto (O Agente Secreto) que el cine puede ser más que eso y contiene muchas más herramientas que los clichés y convenciones cinematográficas que esperamos: “Podés hacer lo que quieras. Podés usar todas las herramientas disponibles para hacer una película, pero por alguna razón, las películas contemporáneas solo usan herramientas contemporáneas”, arranca Kleber. “No me opongo, pero se pueden usar los 130 años de cine para contar una historia”.
El Agente Secreto lo aprovecha todo. El largometraje brasileño candidato por Brasil al Oscar a Mejor Película Extranjera – está nominado también a Mejor Película, Actor y Casting – emplea barridos y pantallas divididas, animación stop-motion y diferentes formatos cinematográficos cada vez que pasa de la acción principal de 1977, cuando el académico perseguido Armando (Wagner Moura) intenta adelantarse a los malos de la dictadura militar brasileña, a una historia marco ambientada en el Brasil contemporáneo, donde la trabajadora universitaria Flavia (Laura Lufési) digitaliza cintas de casete que cuentan su historia. El juego visual que Mendonça Filho y su equipo inyectan en la película, comenzando con fotografía de archivo e incluyendo clips atrevidos de Tiburón (Jaws – Steven Spielberg – 1975) y La Profecía (The Omen – Richard Donner – 1976), no se trata solo de ser inventivos con la forma. Kleber declara que su objetivo es ayudar al público a entender el tiempo de una manera muy particular: “Vivimos en 2026. En algún momento, si esta entrevista sobrevive, digamos 30 años, ¿no? ¿65 años? Alguien la escuchará en el futuro. Y me parece una idea fascinante”.

Cuenta Mendonça Filho que la idea de hacer la película “surgió, como suele ocurrir, desde diferentes ángulos. Primero, quería hacer una película con Wagner. Para hacer una película con un actor, hay que sentarse a escribir un guion. Segundo, venía de Retratos Fantasmas (2023) mi película anterior, que es un ensayo cinematográfico. Y ese film me proporcionó mucha información sobre Recife, mi ciudad, y sobre el cine en el siglo XX. Me dio ganas de escribir una historia que me transportara al pasado. Además, quería escribir un thriller ambientado en los años 70. Y mientras escribía, empecé a darme cuenta de que mucho de lo que pasaba en Brasil durante la era Bolsonaro se estaba infiltrando y formando parte de la lógica de lo que escribía, porque lo que hacían esas personas, Bolsonaro y su círculo íntimo, realmente parecía que estaban intentando revivir los buenos tiempos del régimen militar de los años 60 y 70. Una vez que entendí eso, creo que la película fortaleció su propia lógica interna. Pero es algo que me di cuenta mucho más tarde. Y hoy puedo hablar de esto con total franqueza, pero es algo que comprendí muy lentamente. Así que, cuando escribís, cuando hacés una película, cuando pensás en lo que estás haciendo, a veces captás cierta frecuencia que está en el aire. Creo que El Agente Secreto trata mucho sobre el pasado, pero sobre cómo el pasado se repite a través de la amnesia.”
En el film se cuela una historia sobre una misteriosa ‘pierna peluda’. Dice Kleber: “La pierna peluda es una leyenda urbana maravillosa. Fue creada por dos periodistas, uno de ellos llamado Raimundo Carrero. Trabajaba en un periódico de Recife, el Diario de Pernambuco, que aparece en la película. Inventó la pierna peluda como una forma de disuadir la censura. No podía escribir sobre lo que realmente sucedía con las fuerzas de seguridad, la policía y la policía militar, porque eran muy violentas contra la gente. Así que, en lugar de censurar y eliminar sus artículos, ideó la pierna peluda. Empezó a publicar artículos directos, donde los incidentes se describían de forma periodística, pero en lugar de decir que las fuerzas militares lo hicieron, decía que la pierna peluda lo hizo. Aparecía con caricaturas y dibujos de esta pierna zombi, incorpórea, atacando a la gente. Se convirtió en un fenómeno cultural y popular, porque, por supuesto, la radio lo tomó e hizo radioteatros con la pierna peluda. Y los chicos… Me acuerdo que cuando era chico, en los años 70, me aterrorizaba la pierna peluda. Creo que es un desarrollo fascinante de una dictadura. Me recordó un poco a cómo la prensa checa tuvo que lidiar con la invasión soviética, usando los medios, pero sin ser realmente abiertos sobre lo que eran, solo usando sugerencias. Durante muchos años quise usarlo en una película, y finalmente pasó. Creo que es una gran escena de la película, que genera muchas reacciones.”

En el guion original, el mundo contemporáneo no estaba diseñado para entrar a la historia de Armando hasta los 90 minutos. Sin embargo, el director lo adelantó y agregó un par de ejemplos clave donde el pasado y el presente, sin saberlo, se unen puramente a través del poder del cine. Lo hace dentro de un cine de Recife, donde Armando describe cómo un empresario brasileño desmanteló su departamento de investigación a las personas que intentaban ayudarlo a ocultarlo: “Hay un momento en el que los personajes de 1977 dejan de hablar porque el público está viendo La Profecía y están gritando. Simplemente mueven la cabeza. Después, Flavia, en el futuro, también se detiene y mueve la cabeza, en la misma dirección. Así que hay diferentes capas de edición y tiempo. Es un efecto especial maravilloso, solo el corte, no?”
Kleber agrega: “Creo que hay demasiadas películas que siguen la lógica del cine. Y creo que aún puedo hacer una película con la lógica de la vida. La lógica de la vida significa que podés divagar, podés detener la conversación: ‘Oh, me acabo de acordar de algo’. Hubo un momento en el que Armando dice: ‘Esperá, acabo de contarte la historia en el orden equivocado’. Esa es la lógica de una conversación real, y tal vez en otra película se habría editado de forma más cronológica. Pero me gusta mucho la forma en que Wagner presenta esa conversación. Podés ver las máquinas funcionando en su cabeza, mientras intenta recordar cosas”.







