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2017-09-05

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FICCIÓN: “DETROIT, ZONA DE CONFLICTO” DE KATHRYN BIGELOW: CUANDO EL MIEDO NO ES OPCIÓN

La directora ganadora del Oscar regresa con un nuevo largometraje, basado en los disturbios raciales sucedidos en la ciudad americana en 1967.

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Detroit, Zona de Conflicto (Kathryn Bigelow – 2017): “En Estados Unidos, parece un deseo radical el no afrontar la realidad de la raza. Así que estos acontecimientos siguen sucediéndose.”

Detroit, verano de 1967. Momento fundamental de la historia moderna de Estados Unidos, en el que el país se encontraba sumido en un creciente malestar político y social: la escalada de la intervención militar del país en la Guerra de Vietnam y décadas de represión e injusticia racial. Los epicentros de todo ese descontento y furia apenas contenida resultaron ser las grandes ciudades del país, con su discriminación sistémica, sus disparidades raciales en educación y vivienda, y el creciente desempleo reinante en las comunidades afroamericanas. Dos noches después de iniciarse los disturbios en Detroit, un informe de disparos en las inmediaciones de una zona de preparación de la Guardia Nacional llevó al Cuerpo de Policía de Detroit, a la Policía Estatal de Michigan, a la Guardia Nacional de Michigan y a un guardia privado de seguridad local a registrar y tomar un anexo del cercano motel Algiers. Varios policías se saltaron las reglas de procedimiento y se dedicaron a interrogar de forma brutal y contundente a los huéspedes del motel, llevando a cabo un “juego letal” en un intento de intimidar a alguien, a quien fuera, para que confesara. Al acabar la noche, tres jóvenes desarmados habían sido abatidos a quemarropa y varios hombres y mujeres más habían recibido brutales palizas. No se encontró ningún arma.

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La directora Kathryn Bigelow en el set de Detroit, Zona de Conflicto (2017): “Todas las críticas han sido mitigadas por la sensación de que lo más importante es contar esta historia y sacarla de ahí. Uno elige comprometerse o no. Yo elijo hacerlo.”

La directora Kathryn Bigelow vuelve a unirse al guionista Mark Boal tras el premiado film La Noche Más Oscura (Zero Dark Thirty – 2012) para meterse de lleno en la triste realidad que sufrió, y sigue sufriendo, su país, con respecto a la segregación racial. Inevitable que aparezca el nombre de él en palabras de la directora: “Me gustaría que Donald Trump viera la película. Me gustaría ver cómo reacciona.” ¿La política es ahora su verdadera motivación? Ella asiente: “Ha sido así mucho tiempo. Ahora es más obvio.”

Y también más complicado. Bigelow tenía 15 años en 1967, creciendo a 2.000 millas de Detroit en San Carlos, al norte de California. Aunque consciente de los disturbios, nunca había oído hablar del horror del motel Algiers hasta que Mark Boal le habló del proyecto. Por estas razones, y el hecho de su “blancura”, ella y la película ya han sido objeto de una controversia acerca de si un director blanco debe estar involucrado con una herida no curada en la historia negra de Estados Unidos. El debate ha sido generalizado, y con frecuencia intenso; algún crítico por allí declaró que Detroit, Zona de Conflicto fue realizada por “creativos blancos que no entienden el peso de las imágenes que captamos con una mirada inquebrantable”.

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John Boyega interpreta al guardia de seguridad Melvin Dismukes en Detroit, Zona de Conflicto (Kathryn Bigelow – 2017): “Para mí, si sos serio acerca del tema y si te estás acercando a esto con respeto e integridad, estarás dispuesto a escuchar, tendrás las personas adecuadas a tu alrededor, y también le darás a los actores – especialmente a los actores negros en el set – la mejor oportunidad para retratar estos personajes. Ella hizo todo eso. Se acercó a la historia con respeto, tenía integridad. Estaba abierta a diferentes ideas”.

Ella prefiere hablar de la profunda investigación que junto a Boal emprendieron, de la presencia de testigos sobrevivientes, de la participación de figuras como el veterano congresista de Detroit John Conyers. “Ciertamente, mi primera reacción cuando oí esta historia fue: ‘¿Soy la persona adecuada para hacer esta película?’ Porque no lo soy en absoluto. Pero ha pasado 50 años en las sombras, y lo que es más importante que si soy la persona correcta o incorrecta para contar la historia es que tiene que ser contada. Hay una responsabilidad que la comunidad blanca necesita tomar por el racismo en América. Y estoy intentando, con los medios que tengo, de ser parte, de alentar esa conversación. Me sentí empujada a hacerlo.”

A medida que Boal armaba la historia, Bigelow recuerda que “era bastante concurrente” que sucedieran hechos aberrantes que involucraran a policías blancos con víctimas de color, y sus decepcionantes resultados, como por ejemplo, la absolución del policía en Ferguson, Missouri, que disparó y mató a Michael Brown. “Eso me pareció desconcertante. Le dije a Mark: Esperá un minuto, pasaron 50 años. Y esto es recurrente una y otra vez y otra vez. Esto tiene que parar”.

Boal, ex periodista, trabajó sobre los eventos de los disturbios de 1967, que han sido ampliamente documentados en historias orales, relatos periodísticos y el libro The Algiers Motel Incident de John Hersey. Mientras tanto, Bigelow acumulaba fotografías de la época, cubriendo la pared de su oficina con más de mil imágenes para formar un mapa visual de la historia que quería contar: la historia “macro”, sobre los incendios, los saqueos, el caos y los asesinatos indiscriminados que envolvió a Detroit durante cinco días de verano, y la historia “micro”, acerca de la crueldad particular que se desarrolló en el transcurso de unas horas en el Algiers, y que proporciona un contexto crucial para la furia se está hirviendo afuera.

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La directora Kathryn Bigelow se va con su Oscar a Mejor Directora en 2010, gracias a Vivir al Límite (The Hurt Locker): “Parte de ser cineasta es que entrás en un discurso público. Y valoro y respeto eso. Incluso a riesgo de la disonancia que puede animar”.

Para darle inmediatez emocional a ambas historias, Bigelow profundizó en breves momentos, muchos de ellos recogidos del material documental y los informes de Boal. Por ejemplo, cuando los realizadores entrevistaron al guardia de seguridad negro Melvin Dismukes, él recordó traer una taza de café como un gesto de buena voluntad a los oficiales de policía y guardias nacionales vigilando a una compañía de seguros de vida que estaba a sólo una cuadra del motel. Cuando oyeron un disparo desde allí, inmediatamente pensaron que estaban bajo fuego de francotirador es (resultó ser una pistoletazo que se le escapó a alguien). Julie Hysell, una de las jóvenes del Algiers, relató que tomó desesperadamente la mano de su amiga Karen Malloy, mientras estaban alineadas contra la pared del motel, sin saber si sobrevivirían a la situación. El café y el apretón de manos, cada uno un gesto que revela sin palabras, se dramatizan en Detroit, Zona de Conflicto porque, como Bigelow dice, “esos detalles son exquisitos”.

Dice la directora: “El contenido dicta la forma. Para que esta película humanizara la experiencia, tenía que ser lo más inmersiva y experiencial posible.” Hacia ese fin, ella reclutó a su director de fotografía de Vivir al Límite, Barry Ackroyd, para filmar a Detroit con una intimidad documental, vagando alrededor del set del Algiers con la misma imprevisibilidad y proximidad que los participantes de la vida real sintieron.

Pero más que crear una experiencia emocional para el espectador, Bigelow insiste: “Trato de informar, para que puedas irte con una opinión informada. No creo que le corresponda al cineasta juzgar. A veces es difícil dejar de lado mis propios sentimientos. Pero pienso que es muy importante que el trabajo sea informativo”.

Durante gran parte de su carrera, Bigelow fue la única mujer en Estados Unidos que realizó films de gran presupuesto. Ella resintió la forma en que el sexismo de los estudios la dejó como vocera de todas las directoras. Eso incluso – y especialmente – opacó su momento de Oscar en 2010 gracias a Vivir al Límite (The Hurt Locker), cuando también resultó llamativo el detalle de que ganara el premio dejando en la butaca a su ex marido, el omnipresente James Cameron, nominado por Avatar: “Me sorprendió y entristeció al mismo tiempo; estaba emocionada y honrada”, dice. “Todas esas emociones llegaron simultáneamente. La demografía de género en la industria cinematográfica es dolorosa. Y mi sensación era que si puedo hacer que lo que se siente imposible sea posible para alguien, entonces me alegro. Pero siempre me vi como una cineasta, no como un subconjunto.”

FUENTE: www.theguardian.com | www.independent.co.uk | www.lahiguera.net