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2016-04-27
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FICCIÓN – CHILE: “EL BOSQUE DE KARADIMA”, DE MATÍAS LIRA: EL INFIERNO SAGRADO
La película chilena más taquillera de 2015 llega a los cines argentinos, recreando la historia real de los abusos cometidos en 2010 por el sacerdote Fernando Karadima.

Desde el momento en que se anunció su rodaje, “El Bosque de Karadima” (Matías Lira – 2015) causó gran interés. Es que desde que tres profesionales revelaron el año 2010 los abusos a los que fueron sometidos bajo el sacerdote Fernando Karadima durante muchos años, cada arista o detalle entregado causaba un impacto profundo. El tema es tan poderoso que el soporte (el cine) queda casi totalmente de lado frente a las miradas de los espectadores y de la prensa. Con un cuidado narrativo y visual, busca instalar un ambiente tenebroso y oscuro, para así configurar el peso psicológico de ambos protagonistas: Thomas (el abusado, en distintos tiempos interpretado por Pedro Campos y Benjamín Vicuña) y Karadima (Luis Gnecco). La película hace un juego entre el presente del protagonista y su pasado con el abusador.
Dice Lira: “Con Andrea Chignoli hicimos el montaje y teníamos una película lineal de cinco horas. Yo las hubiera dejado, pero el cine exige otra duración, así que nos pareció interesante este relato paralelo, un poco más posmodernista, en que la gente va sabiendo las cosas que van a pasar. El relato lo lleva Benjamín Vicuña y es la historia de un promotor de justicia eclesiástico, de los cuales hubo muchos, porque tomaban declaraciones durante 30 años y las guardaban porque el Arzobispado no quería sacarlas al tapete. Él logra doblegar a este promotor, entonces el centro de la película es ese relato y vamos hacia atrás y hacia adelante, en cuatro épocas. Emocionalmente, creo que es una estructura que logra concretar. Yo quería que fuera una película más emocional, no que la gente se fuera enterando de a poco. Todo el mundo sabe lo que está contando desde el principio, pero hay una desestructuración que da la posibilidad al espectador de jugar con la historia”

Cuenta el director: “Fui uno más de los que quedó en shock con lo que vi en televisión. Había escuchado hablar de la Iglesia El Bosque, que había prácticamente un santo ahí, pero lo que más me impactó y me dio fuerzas para hacer la película fue cuando me llegaron los expedientes civiles, penales y eclesiásticos. Trabajé con Álvaro Díaz, uno de los guionistas, y fue muy fuerte darse cuenta que además que había más víctimas, había más abusadores y más cómplices. Eso me generó la idea de mostrar. La gente solo estaba conociendo la punta del iceberg de lo que estaba realmente pasando en ese lugar. Fue complejo partir, porque había muchas cosas que no entendía y como realizador tenés que tener mucha seguridad para emprender un proyecto de este tipo. Primero, para convencerse a uno mismo y, después, para convencer a todo el equipo. Había gente que me decía que no entendía cómo una persona de 35 años se puede considerar una víctima y en el proceso de investigación me fui dando cuenta que la parroquia era una secta. Por ejemplo, cuando los niños tenían que confesarse, a veces los hacían esperar hasta cuatro horas. ¿Te imaginás la vulnerabilidad de esa persona al momento de la confesión? Esas son técnicas sectarias. Había también un constante alejamiento de las familias, se decía que la familia podía ensuciar el camino a la santidad, o sea, bloqueaban el único punto de contención que podían tener ante un problema. A eso hay que sumar todo el abuso y la manipulación psicológica: yo conozco tus confesiones, si te vas de aquí vas a tener problemas, cosas de ese tipo. De esa forma fui entendiendo la película y sentí que podía entregar algo que tuviera sentido”.

Con respecto a la visión de la propia Iglesia sobre el tema, Lira relata: “En una ocasión, durante una entrevista, el obispo auxiliar de Santiago habló de esto y dijo que yo le estaba haciendo daño a la Iglesia, y lo he repetido hasta el cansancio. Esa ceguera, esa incapacidad de escuchar de la Curia, me llama mucho la atención. Tampoco concuerdo cuando dice que Karadima fue juzgado ni tampoco pidió perdón. Una de las dudas que tenía era que, emocionalmente, me fregaba atacar a la Iglesia, porque yo vengo de una formación católica. A mí me ayudó mucho el padre Gerardo Whelan, el de “Machuca” (Andrés Wood – 2004) a encontrar en algún grado mi vocación. Con el tiempo me fui dando cuenta de que eran los mismos sacerdotes los que me ayudaban a hacer una película como esta, para especificar quiénes son las personas que están haciendo daño. En la práctica, hoy todos los sacerdotes son malos, pero eso no es así. El 99,9 por ciento de los sacerdotes, los de parroquia, los que hacen la pega diaria, lo hacen muy bien y dan ese confort, ese poder de consuelo que tiene la Iglesia y que es tan necesario. Por eso es tan vulnerable la gente que llega ahí cuando hay un mal pastor. Ahora tengo claridad y sé que es un grupo pequeño de poder, que es la Curia o el Arzobispado de Santiago, que fue tremendamente cruel conmigo. Me dejaron esperando, me bloquearon todas las iglesias de Chile, y aunque nunca lo reconocerán públicamente, amenazaron a congregaciones que intentaron ayudarme. Me hicieron la vida imposible. Como hice las cosas de frente, sin ocultar nada, me dilataron igual como dilataron a las víctimas, esperando que las cosas prescribieran o que uno se cansara y desistiera. Lo que me hizo recuperar la fe fue la actitud de los curitas de parroquia que me ayudaron y que me hicieron darme cuenta de que Curia no es Iglesia. El mismo Papa Francisco lo ha dicho, que la Curia es compleja incluso a nivel internacional.”

Sobre las víctimas reales de los abusos, el director explica que “me he distanciado un poco de ellos; creo que cometí un error como realizador. Nunca hay que olvidar que esto es un trabajo. Por más que uno crea que las películas están asociadas al arte y la emoción, uno tiene que aprender a distanciarse porque si no, te afecta mucho. Generé lazos muy poderosos con mucha gente, con sacerdotes que ahora están sufriendo dentro de la Iglesia, y me voy con muchos secretos. Es complejo. Lo mismo con las víctimas que me ayudaron. Hoy los admiro mucho más, porque yo quiero sacarme esta película de encima lo antes posible, pero ellos van a estar años, una vida, con esto. Me metí demasiado a fondo, hay que mantener ciertas distancias. Meterse en la cabeza de estos personajes es tremendamente complejo, pero creo que la gente igual va a entender cómo una persona puede estar tantos años en un lugar así”.







