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2020-11-26

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FICCIÓN: CANCIÓN SIN NOMBRE, DE MELINA LEÓN: SON LOS GRITOS DEL ANDINO

La ópera prima de la directora peruana es la candidata a representar a Perú en la carrera a Mejor Película en los Oscar 2021.

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Canción Sin Nombre (Melina León – 2019): “Definitivamente quería encontrar el tono que pudiera hablar de lo ‘real’ de la pobreza y la discriminación, pero no quería olvidarme de la inmensa belleza que nos rodea. En esa belleza hay magia.”

El horror extremo de una madre andina a la que le roban a su hija recién nacida es el punto de partida de la historia que Melina León elige contar en Canción Sin Nombre, su multipremiada ópera prima en la que refleja el machismo, la injusticia o la violencia desde la perspectiva del abuso a los indígenas. Su origen se remonta a los turbulentos años 80 de Perú, conectándolos con la propia familia de León: “En mi familia no hay cineastas, pero hay contadores de historias”, dice Melina, hija de un periodista y una antropóloga: “Yo estaba estudiando cine en la Universidad de Columbia en Nueva York y estaba buscando mi primera película, una primera historia. Y en eso me llamó mi papá y me dijo: ‘No vas creerlo. Me ha llamado una mujer francesa que resultó ser una de las bebitas que fueron robadas allá por los años 80 en aquel caso que te conté’.” Inspirada por las investigaciones periodísticas de su padre sobre los niños robados en Perú, León llevó a la gran pantalla la situación de un país al borde del abismo. “En 1988 es cuando se agudiza la crisis económica en Perú, la crisis social y el descalabro total que fue el gobierno de Alan García. Algunos dicen que nos hizo más fuertes, por ejemplo, que ninguna otra crisis sucesiva nos ha podido volver a asustar así.” Y agrega: “La mejor manera de entenderlo es si te lo imaginas como una versión peruana de Trump”. La película muestra, como telón de fondo, el terrorismo de Sendero Luminoso, la violencia militar, la injusticia, y la pobreza de unos campesinos obligados a migrar a las ciudades en condiciones penosas.

La protagonista del relato es Georgina, a quien da vida la actriz no profesional Pamela Mendoza: “Lo que vi en Pamela es una enorme dulzura en su mirada, vi esperanza, vi alegría. Eso es lo que quería porque hay mucha gente estúpida que cree que el andino es triste per se, desconociendo toda la historia de colonialismo, de abuso, de explotación contra el andino. Y contra la mujer, el pobre, el diferente…”, explica León. “Es todo lo contrario: es pura luz. Pero claro, pasan estas cosas que evidentemente dañan a cualquiera. El andino, como el negro en los Estados Unidos, tiene que soportar en el día a día un abuso.”

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Pamela Mendoza es Georgina en Canción Sin Nombre (Melina León – 2019): “Probablemente yo no iba a encontrar a una actriz profesional que fuera tan marcadamente andina porque cuando tienes acceso a una escuela de actuación o al conservatorio quiere decir que ya te encuentras en otra situación porque eso no es para los andinos. Si tomaba el camino que marca la televisión iba a terminar haciendo una farsa, una cosa burda, usando maquillaje para oscurecerlos un poco, entonces lo que hice fue irme a un barrio popular que se llama Villa El Salvador y se encuentra al sur de Lima, donde si bien es un lugar muy pobre han apoyado las artes y hay muchos teatrines. Me presenté, me dejaron hacer el casting, me trataron bien y fueron muy amables. El grupo de teatro al que me acerqué se llama Arena, ahí conversé con su director y él me habló de Pamela que era de un barrio que está al lado que se llama Villa María del Triunfo, pero siempre iba ahí porque era activista, entonces la vi y me encantó su fotografía, luego hicimos el casting y fue fantástico conocerla. Además tiene un gran compromiso, evidentemente ella había vivido cosas muy similares, tragedias muy cercanas y la misma tragedia de vivir en la pobreza y ser andina en Perú. De todo eso yo quería hablar y ella no hizo más que enriquecer la historia”

Canción Sin Nombre tuvo estreno virtual en Estados Unidos en el mes de agosto: “Es para mí una especie de regreso porque yo he vivido en Nueva York durante 13 años y ahora estoy parcialmente, es un país con el que tengo muchísima conexión” cuenta la directora. “Allí hice mi maestría en cine en la Universidad de Columbia y la siento como mi segunda patria, entonces es muy emocionante que se estrene mi película. Además, tuvimos el apoyo desde una de nuestras productoras asociadas, Torch Films, que es de Nueva York, con quien hemos trabajado desde el principio, y de Jerome Foundation. Honestamente para financiarla hicimos de todo y una de esas cosas fue Kickstarter, que es una plataforma de Estados Unidos. Si bien recibimos fondos de todo el mundo, el apoyo esencialmente fue de personas de Estados Unidos y de Perú. De alguna manera en Nueva York nazco como cineasta porque mi segundo cortometraje El Paraíso de Lili (2009), mi tesis de maestría, fue estrenado en el 47th New York Film Festival”

Con respecto al guión, León explica: “La historia la comencé a escribir en Nueva York con base en lo que mi papá me había contado. En ese tiempo mi vida estaba de cabeza porque estaba tratando de terminar una maestría en una de las escuelas de cine más caras del mundo y tenía que ver cómo iba a pagar todo lo que no cubrían mis becas. Entonces pensé que sería mejor escribir la película con alguien. Yo había leído algunas historias de Mike White, un compañero que estaba en la clase de escritura literaria, y me habían gustado mucho. Le sugerí la idea y le fascinó. Además, sentí que sería muy buena compañía para atravesar por ese lugar tan oscuro al que te lleva la historia. Lo que hacíamos era que yo tomaba apuntes de momentos que me parecía importante incorporar, le contaba a Mike y él escribía. Así llegamos hasta un punto en que sentí que el sabor local se estaba perdiendo y entonces comencé a escribir yo, Mike leía y sugería cambios. Luego pude volver a Perú y complementar el trabajo con una investigación de la época a través de los diarios y con algunas entrevistas. En este punto expandí mi búsqueda y en efecto descubrí que el tráfico de niños continúa siendo cosa de todos los días en Perú y en todo el mundo y que es uno de los negocios ilegales más importantes que existen (sino es que el más grande).” León continúa: “Aquí sobre todo en las regiones del Cusco y en la selva hay mucho tráfico de menores para la prostitución. En el 2018 se destapó un caso en Arequipa, la segunda ciudad más grande del Perú, en la que se descubrió que el ex director de la policía era el cabecilla de una banda de traficantes de bebés y niños. Al igual que en la película, eran todo un equipo que incluía médicos.”

Con partes en quechua e imagen en 4:3, la fotografía en blanco y negro fue realizada por el Director de Fotografía Inti Briones: “El trabajo con Inti fue de recordar y conversar. No hablamos mucho de la película en sí porque ambos habíamos vivido la época y a cada quien nos dejó un recuerdo del caos. Entonces nos pusimos a hablar de otras películas, a verlas, y a hablar de cómo vemos el mundo y de las cosas que hemos aprendido a lo largo de los años. Sólo una vez conversamos directamente de lo que pensamos de la guerra interna a nivel político. Fue muy difícil, pero lo sentimos necesario.”

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La directora Melina León en el set de Canción Sin Nombre (2019): “El cine para mí es una tarea colectiva. Mi trabajo es juntar a las personas, inspirarlas quizá un poco, darles el espacio para que digan lo que sienten e interpreten lo que siento yo. Y sorprendernos entre todos”

La realizadora también habla de la posición de los andinos en el Perú contemporáneo: “Creo que hay algunas luces de cambio, no creo que siga exactamente igual que en los años 80. Pero estructuralmente sigue siendo lo mismo. El racismo es actual, y un mal universal. Si el estado no entiende o no considera a los indígenas o a los descendientes de los indígenas como ciudadanos, te explicas la locura del sistema de salud. Si las clases pudientes no se consideran parte de la cultura andina te explicas que apoyen la economía de mercado, aunque esto signifique la muerte de tantos. Es una sociedad irrespirable, literalmente. Ahora lo estamos viendo con el COVID-19: tienes a poblaciones indígenas del norte huyendo a buscar atención de salud a Ecuador. Han sido dejados, olvidados, no tienen a qué hospital acudir. Y fíjate que ahí está la mina de oro más grande de Perú, Yanacocha, pero ¿dónde está ese dinero, ¿dónde se fue? Ayer fue el robo de niños, hoy la gente no puede respirar porque no hay balones de oxígeno, que últimamente se venden a dos mil dólares cuando costaban como 5. Claro que cuando estamos a punto de tirar la toalla, llegan los héroes a disuadirnos, eso doctores que trabajan en la selva sin miedo a enfermarse o los campesinos que hacen donaciones de alimentos. Es dramático.”

La película ha recorrido muchos certámenes de todo el mundo, donde fue premiada en Huelva, La Habana, Montreal, etc, etc. También participó de la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, siendo la primera película peruana en recibir ese honor. Y ha sido elegida para representar a Perú en el camino a Mejor Película en los Oscar 2021, a celebrarse el 25 de abril. Por lo pronto, la prensa anglosajona ha comparado el film de León con la multipremiada Roma (Alfonso Cuarón – 2018): “Reflexionando ya con el paso del tiempo, tú dices: ‘¿Qué más quieres que te comparen con una película que costó un montón de plata dirigida por un directorazo? No seas tonta…”, explica entre risas. Y agrega: “Más bien, lo que suelo contestar a eso es que lo raro es que recién empecemos a tener protagonistas indígenas; que, siendo un continente indígena, nuestros protagonistas siempre hayan sido blancos. Y recién ahora estamos mostrando a nuestros verdaderos protagonistas, no como si los otros fueran falsos, pero sí mostrando a la población que mayoritariamente nos representa.”

FUENTE: www.blogs.mediapart.fr | www.lavanguardia.com