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2023-04-27
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FICCIÓN: AFTERSUN, DE CHARLOTTE WELLS: MI PAPÁ ES UN HÉROE
La ópera prima de la guionista y directora escocesa es un drama que brilló en la temporada de premios y logró una nominación al Oscar para su protagonista, Paul Mescal.

Uno de los elementos más importantes de Aftersun de los estudios A24 es su ambigüedad; la tierna y cruda historia de unas vacaciones de padre e hija juega con la memoria, entramando pequeños indicios sobre el destino final de su protagonista, pero dejando las cosas en su mayor parte en manos del público. El debut cinematográfico y autobiográfico de Charlotte Wells (también guionista) sigue a Calum (Paul Mescal) y Sophie (la también debutante Frankie Corio) mientras pasan una semana en una isla turca. Calum, que ya no está con la madre de Sophie, se esfuerza por brindarle a su hija unas vacaciones memorables mientras lidia con un ataque cada vez más obvio (al menos para el espectador) de depresión y ansiedad. Su historia se cuenta a través de los recuerdos de una Sophie adulta, recuerdos que, en el cuadro final, intentan reconciliarse con el hecho de que fue la última vez que vio a su padre. Sin embargo, hay un elemento que Wells se encarga de aclarar firmemente: “No creo que estén distanciados en la película. Si escucho a alguien describir este film como una historia acerca de un padre y una hija ‘separados’, es difícil no responder que su relación es íntima y amorosa. Refutaré algo si está totalmente en desacuerdo con el corazón de la película”.
La historia de Calum invita a un debate que Charlotte también necesitó: “Tenía que saber cuáles eran todas las respuestas, tenía que tener una idea clara de mi intención al hacer esta película. No podía ser ambigua conmigo misma sobre lo que pasaba o no funcionaría para nadie. Pero sabía que la estaba creando de tal manera que las lecturas variarían. Diría que las respuestas de algunas personas se alinearon casi exactamente con mis intenciones”. Y agrega: “Cada espectador tiene un momento diferente en el cual notan que algo pasa con Calum. Es difícil no pensar en cómo lo construí. Esa primera escena de él fumando en el balcón; lo interesante para mí desde el punto de vista del cineasta es que elegimos esa toma muy tarde en el proceso. Es un momento tan importante para establecer el lenguaje de la película e indicarle al público ‘Mirá acá, lo que pasa. No tengas miedo de mirar más allá’. Cuando fuimos a Cannes (donde se estrenó) e hicimos la revisión técnica, cuando la respiración de Sophie se acelera durante la escena, recuerdo que pensé que era todo demasiado tranquilo. Me encontré físicamente saliéndome de mi asiento para escucharlo. Y pensé: ‘Ah, esa era mi intención’. Originalmente imaginé que pasaría a una toma de Calum parado en la baranda afuera, fumando un cigarrillo. Era una imagen muy precaria, con él posado peligrosamente en el balcón del tercer piso. Fue una de las primeras imágenes que tenía en mente para la película, por eso fue tan difícil para mí reemplazarla por la que usamos. Esa escena de la baranda, que ahora viene un poco más adelante en la historia, es para mí la revelación adicional de la lucha privada de Calum. Y cuando escupe en el espejo, ese es el momento en que se vuelve irrefutable. Hasta ese momento, podrías explicar su comportamiento: no puede dormir porque hace calor, está en un lugar nuevo. Pero en el momento en que escupe, las racionalizaciones se vuelven difíciles de justificar.”

Hay una escena musical clave en la película: Sophie canta un tema icónico de REM, Losing my Religion. Cuenta la directora: “Obtener permiso para la música que querés es algo muy real. Nuestra supervisora musical originalmente me había pedido que pensara en alternativas para ese tema, lo cual fue un problema porque sentí que nada más sería ni remotamente apropiado. La letra de esa escena se va a leer, es completamente inevitable. La había elegido instintivamente; creo que fue la primera canción que supe completa a los 5 o 6 años. Esa es una imagen bastante absurda ahora, pero es el producto de haber tenido padres jóvenes, seguramente. Es una canción sobre la que tengo fuertes emociones, que me conecta con mi papá y estoy muy agradecida de haberla conseguido. También tengo que darle crédito a Frankie porque solo necesitamos una toma y media para lograr la escena. Ella odiaba la canción, no la ensayó y tuve que cantarla para tratar de animarla a subir al escenario para la toma.”
Sin spoilear, diremos que en el final vemos una escena especial con el clásico de David Bowie y Queen, Under Pressure: “Cuando filmamos esa escena en el galpón, usamos música rave adecuada pero solo para ayudar a los actores. Estaba al tanto de esta versión simplificada del tema donde podés escuchar a David Bowie y Freddie Mercury yendo el uno al otro, y lo incorporé a la edición, ni siquiera sé por qué lo hice. Necesitaba algo que coincidiera con el ritmo de la escena dance y funcionó irrefutablemente. En cierto modo, es una exposición zarpada. Es un momento tremenda vulnerabilidad. Pero como habíamos evitado eso en la película en su mayor parte, pensamos que podíamos salirnos con la nuestra. Se sintió como un regalo para el espectador, como si aquí hubiera un poco más de pista. Te da el cierre de que estás en lo correcto en la dirección en la que tu mente fue girando en espiral.”

Con respecto al impacto que la película causó en los espectadores, la directora se sincera: “Cannes fue un shock. La respuesta fue completamente inesperada, tanto por lo que era como porque nunca había considerado lo que podría ser. Lo cual es una ingenuidad que solo tendré una vez y por lo que me siento muy agradecida. Llegamos corriendo a la fecha límite. Hablamos mucho en la sala de edición sobre la legibilidad de la película y cómo podría conectarse con el público, pero sin pensar en lo que eso significaba. Nunca consideramos cuál sería la respuesta crítica. Creo que nunca pensamos que mucha gente la vería, lo cual era una expectativa razonable. Una cosa que me llamó la atención fue en el momento en que terminamos de proyectar en Cannes, un joven se me acercó y compartió su propia experiencia y la de su madre con la depresión. Fue muy fuerte. La película ciertamente es abierta, y he visto a personas aportar muchos tipos diferentes de experiencias, pero esa fue una expresión no intencionada, aunque legible de inmediato para este joven. Significó tanto que lo conectó de manera personal y específica. Hay una apertura y un lenguaje en torno a la salud mental en las personas más jóvenes que no existían cuando yo era adolescente. Después de otra proyección, alguien que probablemente no ve películas como ésta muy a menudo dijo: ‘De donde soy, hay un dicho: ‘¿Por qué mueren los jóvenes? Porque quieren’”. La película se conectó con él de una manera que iba mucho más allá de la legibilidad de una película de arte y ensayo a algo mucho más crudo. Esas son siempre las respuestas más significativas, donde provocan algún tipo de reconocimiento en las personas que no tienen nada que ver con el cine.”







