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2018-01-19
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FICCIÓN: 120 PULSACIONES POR MINUTO, DE ROBIN CAMPILLO: Y LOS CORAZONES SIGUEN LATIENDO
El drama sobre el movimiento francés Act Up obtuvo gran cantidad de premios, además de contar con el elogiado protagónico del argentino Nahuel Pérez Biscayart.

Después del drama fantástico Los que Vuelven (Les Revenants – 2004) y el policial romántico Eastern Boys (2013), el director y guionista marroquí Robin Campillo rememora la lucha de los años 90 contra el SIDA en su película 120 Pulsaciones por Minuto (120 Battements par Minute), galardonada con el Gran Premio del Jurado en Cannes, entre numerosas distinciones recibidas en distintos lugares del mundo.
Campillo relata: “Me uní a Act Up en 1992. Viví el SIDA y los años 80 como algo extremadamente violento. Nadie hablaba de ello, había una especie de ley del silencio. Como mucha gente de esa época, infectada o no, me uní al grupo porque estábamos enojados. Queríamos dejar de ser víctimas, convertirnos en maricas malos que querían acabar con ese mutismo. Lo que yo quería retratar es ese momento en el que acabamos con el silencio, ese momento liberador en el que la gente se une a un movimiento feliz, aunque fuera duro ya que la gente estaba muriendo. Fue natural para mí rendir homenaje a esta época, pensar en todos estos pequeños actos minoritarios y convertirlos en eventos históricos importantes, una epopeya de las pequeñas cosas.”

Sobre la realización del guión, el director expresa: “He hecho la película basándome en mis recuerdos, los he retocado, por supuesto, porque quería hacer una obra de ficción. Lo que me interesaba era la relación entre el colectivo y la manera en que la gente se unía a él para dejar de estar sola y formar una fuerza política con la que identificarse. Pero la enfermedad hace que el personaje principal se vaya del grupo, y aquí entra la ficción, la maldición de esta enfermedad. Quería que el espectador tuviera la misma percepción que yo, la que tenía cuando entré en el grupo: había cosas que no entendía, otras que sí, pero así es la vida, una multitud de palabras y acontecimientos, aunque las reuniones semanales solo contaban con unas 60 u 80 personas.”

Campillo también es responsable de la edición, y explica: “Trabajé el ritmo sobre la cuestión de la vida y de la urgencia. Quería que el film fuera como una metamorfosis y que el espectador no tuviera tiempo de ver cómo pasamos de una escena a otra. Pero también quería que en las secuencias hubiera ecos de las escenas siguientes, asimismo que la escena anterior permaneciera, una especie de remanencia durante toda la película. Está filmada de una manera un poco cruda, pero pensaba todo el tiempo en estos enlaces, estas impresiones. Tenía esta idea cuando escribí el guion, pero tomó forma a medida que la fui editando.” El director continúa: “Lo que mejor podía hacer era usar la ficción para contar de qué se trata este tipo de activismo, sin tomar al espectador de la mano para explicarle las cosas ni entregarle el mensaje. Sin embargo, tengo la impresión de que si Act Up tuvo este impacto, es porque había gente que no tenía otra opción. Eran sus cuerpos los que hablaban, personas que sufrían, que no tenían todo el tiempo del mundo, que ya eran débiles, que ya se trataban, etc. Esto te pone en una situación de emergencia, te da fuerza, poder, energía. Así que fue una lucha política muy personal. Es como la diferencia entre defender una causa y estar en el frente de batalla. Se trata de la lucha de una comunidad que se creó con la idea de superarse a sí misma. Éramos un pequeño ejército con las ganas de hacer algo noble.”
Con respecto a la mezcla de géneros de la película, Campillo analiza que “empecé con la idea de hacer un film que cambiara a medida que iba progresando, una película que no se pudiera clasificar en términos de género y estilo. Me encanta la idea de deslizarme de un género a otro, de un estilo a otro, como en la música, cuando hay un cambio de tono que te descoloca. Quería plasmar eso porque creo que, en la vida real, nos pasamos a otro universo rápidamente. Cuando estamos enfermos, la comida tiene otro sabor, hay diferentes estados de subconsciencia, y cosas que vemos todos los días, no las percibimos de la misma manera. Creo en esta abundancia e intento que el espectador no tenga ningún punto de referencia.”







