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2013-09-27
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DOCUMENTAL: “DON CA”, DE PATRICIA AYALA RUIZ: UN AVENTURERO EN LA COLOMBIA REAL
Por José Luis García
Seleccionado por los Festivales de Biarritz y Latino de Vancouver, relata la integración en una comunidad de una persona físicamente distinta pero libre de todo tipo de prejuicios.
El documental de la realizadora colombiana Patricia Ayala Ruiz habla de un singular personaje, Don Camilo Arroyo, quien llegó hace mucho tiempo a esa población, olvidada como todas las del Pacífico colombiano, llamada Guapi. Su llegada causó sorpresa en los mayores y estupor entre los niños porque era el único hombre blanco que se dispuso a vivir en un pueblo de afrodescendientes. Aprovechando el terror que generaba en los niños, la madres comenzaron a llevarle a sus hijos con la esperanza de que ese miedo fuese mutando hacia un respeto que permitiera que los pequeños evolucionaran convenientemente en su aprendizaje hacia la adultez.

El amor y la pasión de Patricia Ayala por este género cinematográfico viene porque organizó durante muchos años en Bogotá la Muestra Internacional del Documental, festival no competitivo, y como realizadora había hecho televisión cultural que tiene un formato diferente a éste. “En diciembre de 2008 estaba realizando un documental por encargo sobre el Día Internacional del Agua para Señal Colombia en coproducción con ITVS y llegué a Guapi porque toda esa zona es la más húmeda del planeta, así que era perfecto para el trabajo que estaba haciendo y buscaba un lanchero que no cobrara muy caro porque todos los desplazamientos por agua en Colombia tienen un alto coste, y de pronto encontré a este señor”.
“Cuando uno llega a esa zona del Pacífico colombiano, se siente como si estuviera en África por la gente, por el ambiente, por el paisaje,… y Camilo es uno de los únicos personajes blancos en el medio de todo ese universo afro, pero además llegó hablando con un acento muy distinto al de la gente y contando unas historias absolutamente delirantes e increíbles, y como que a los cinco minutos de conocerlo tuve la intuición de que había una historia detrás de él que había que contarla. Entonces le pedí la exclusividad, dijo que sí y ahí empezó el viaje con Don Ca”.

Ayala continúa: “Hay una frase en la película que resume su filosofía de vida y que es muy budista o también de los griegos clásicos, de Diógenes, en el sentido de no desear nada para tenerlo todo. Él dice “la felicidad es la distancia entre lo que tienes y lo que quieres y cuando esa distancia es pequeña, eres feliz y cuando esa distancia es grande, no eres feliz”.
– ¿Del documental se podría extraer la conclusión de que cualquier persona se puede integrar en una comunidad desconocida si realmente tiene el deseo de integrarse?
Claro, yo creo que esa es una de las lecciones más bonitas que deja la historia de Camilo porque aparentemente él viene del mundo antagónico ya que es de Popayán, que es una ciudad que, durante el momento histórico de la colonia, era el núcleo urbano más clasista e intelectual, ahí se gestó la independencia, pero también era una sociedad de esclavistas. La gente adinerada, con ciertos apellidos y abolengos, todos eran esclavistas y él se desplaza y se encuentra con esta comunidad que geográficamente hablando son parte del mismo territorio, del mismo departamento, pero culturalmente está por completo en el extremo opuesto, porque ahí donde habitualmente vive es el lugar de los descendientes de los esclavos. Lo que Camilo hace es llegar sin la pretensión del hombre blanco, del ilustrado. Al contrario, él llega a insertarse, a aprender también de la comunidad y a ofrecer lo que puede y efectivamente los residentes le reciben con los brazos abiertos, ahí lleva ya casi 40 años, ese es su lugar en el mundo y esa es su gente”
“En Colombia obviamente si uno vive en ciertas regiones, hay que estar alerta y saber que el conflicto en cualquier momento llega y pasa rozando por la esquina o te toca a la puerta de la casa. Lo que se ve en la película es cómo hay un momento en que el conflicto le toca a las puertas de su casa y él queda como en el centro entrando en una situación de riesgo. Tontamente, creo yo, echa mano de lo que puede y sabe. Entonces él cree que adquiriendo un arma legalmente lo podrá defender o dar alguna garantía de seguridad, lo cual no es cierto porque no significa nada y yo esperaría que eso quedara claro en la película, que el acto de buscar un arma es simplemente algo desesperado de una persona que no sabe qué hacer, que es lo que nos pasa en muchas ocasiones a los colombianos; no sabemos qué hacer y eso es una impotencia absoluta frente a la situación de conflicto”.







