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2023-03-27
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FICCIÓN: SIN NOVEDAD EN EL FRENTE, DE EDWARD BERGER: TODOS PIERDEN
El director alemán ofrece en Netflix una visceral adaptación de la novela de Erich M. Remarque, obteniendo el Oscar a Mejor Película Internacional.

Sin Novedad en el Frente – All Quiet on the Western Front en inglés, Im Westen nichts Neues en su idioma original – salió del BAFTA con 7 premios, entre ellos, Mejor Película y Director. Y ganó 4 de los 9 Oscars a los que estaba nominada. Además de decenas de galardones internacionales, por supuesto. Edward Berger venía más que nada del mundo televisivo, habiendo dirigido algunos capítulos de la temporada 1 de la serie Your Honor, con Bryan Cranston. Su película anterior había sido Jack, drama de 20214 que coescribió junto a su mujer Nele Müeller-Stoffen.
Nos enteramos que para este proyecto, tuvo que lidiar con un presupuesto limitado (su cotización oficial es “alrededor” de 20 millones de dólares) para un film de época llevado a cabo durante 54 días, plena era Covid. También tuvo que enfrentarse a sus propias ambiciones y miedos mientras luchaba por conseguir tomas desafiantes en medio del frío fangoso y húmedo de la primavera en la República Checa. Ante el ataque de pánico ocasional, el director de fotografía británico James Friend (ganador del BAFTA y del Oscar) lo mantuvo en marcha. “Lo complicado era tratar de hacer una película épica de este tamaño y duración por tan poca plata”, dice Edward. “Solo pudimos hacerlo planificando con mucha diligencia cada toma y sabiendo lo que necesitábamos para ella”. Cuenta que el libro anti guerra, que el director de Hollywood Lewis Milestone convirtió en ganador al Oscar por Mejor Película en 1930, sigue siendo un éxito de ventas en Alemania, en parte porque es una lectura obligatoria en las escuelas. Durante unos 70 años vendió entre 50.000 y 70.000 copias al año. El guión en inglés de Lesley Paterson e Ian Stokell estuvo dando vueltas durante 10 años hasta que el productor Daniel Marc Dreifuss se dio cuenta de que nunca se concretaría como un proyecto de Hollywood, así que se lo mandó al productor alemán Malte Grunert. Berger lo mencionó con su familia y se sorprendió cuando su hija de 17 años dijo: ‘Acabo de leer la novela. Tuvo un efecto enorme en mí. Lloré muchas veces, y tenés que hacerlo’: “Eso no me dejó opción. Yo mismo lo leí cuando tenía 17 años. De nuevo, a los 20. Y cuando reescribí el guión. Siempre se quedó conmigo. También tiene que ver con nuestra historia, que está arraigada en la cultura. Automáticamente pensás en lo que heredaste, en la completa insensatez de estos conflictos armados y te sentís enojado, culpable y avergonzado por eso”.
El cineasta nació en Alemania, se crió en Suiza y vive en Berlín desde 1997. A medida que adaptaba el guión, mantuvo algunas cosas y agregó otras, pero respetó el estilo de observación que adopta el antiguo reportero Remarque al contar la historia. “Lo hermoso del tono del libro es que es casi lacónico. La forma en que describe las cosas es real, no demasiado emocional, como, ‘Esto es lo que les pasa a los chicos’. Se separan de sus emociones, de sus almas. Tienen que hacerlo, porque si no morirían por dentro. Remarque se aleja mucho del sentimiento y la emoción. Por lo tanto, vos tenés que traer los tuyos. Intentamos retener eso con la cámara, que recorre subjetivamente la película con Paul (el debutante Felix Kammerer)”. Mientras revisaba el guion en inglés, Berger lo hacía más alemán: “Sabemos lo que Alemania trajo al mundo. Vivís con esa herencia, tratás de lidiar con ella de manera responsable e intentás cambiar el mundo poco a poco al no perpetuar ese tipo de odio. Es específicamente alemán. Se trata de un sentimiento que ponés en las escenas, un cambio de tono que lo aleja de la narración estadounidense hacia una narración alemana específica. Sentía que el guión era muy americano. Hay muchas películas de guerra estadounidenses y ellos son mucho mejores para contarlas de esa manera. Entonces, necesitaba cambiar esa perspectiva”. El objetivo era llegar a una audiencia internacional, no solo alemana. Mucho se debatió en Alemania por las adiciones del autor a la narrativa original, incluidas las negociaciones de armisticio entre Francia y Alemania, que retrasaron la línea de tiempo del libro original a los últimos cinco días de la guerra. Pero claramente la película resonó fuera de Alemania, especialmente en el Reino Unido y en Estados Unidos.

La secuencia de apertura, larga y complicada, requirió tres días de fin de semana ensayando el equipo de cámara, los dobles y los actores. La cámara atraviesa las trincheras y aterriza en la cara de un soldado antes de que cargue por encima de la trinchera, encuentre el tronco de un árbol y golpee a un soldado enemigo con una pala. “La cámara se transporta en un ojo estable como un poste” cuenta Edward. “Después la colgás de una grúa, la grúa levanta la cámara cuando el tipo sale de la zanja; ahí necesitás tiempo para volver a sacar la cámara, porque la grúa no puede llegar tan lejos como el tipo. En estos segundos hay que coordinar la acción. Creamos una distracción – una explosión – para el personaje que le permite hacer una pausa. Se agacha y se asusta y este es el momento de sacar la cámara de la grúa. Entonces el tipo comienza a correr y pueden seguirlo”. El sonido también es crucial. Cuando el soldado se sumerge detrás del tronco de un árbol en una zona de explosión, el diseñador de sonido alemán Frank Kruse y su equipo crearon un paisaje sonoro amortiguado: “De hecho, grabaron micrófonos que arrastraron por el barro y los pusieron en la película como una metáfora del barro que estos tipos intentan evitar para volver a ser, como la tierra en la que se van a convertir. Cuando lo escuchás, suena terroso, fangoso y húmedo, dándote la sensación de estar ahí. Muchas veces cuando grabamos sonido les digo a los actores, especialmente cuando corren, que te den ese aliento para que tengas la sensación de que corrés con ellos”. Después de que el soldado muere, una enfermera le quita el uniforme y la seguimos a la lavandería, a la reparación de la costurera y al cuerpo delgado del ansioso recluta Paul: “La esencia del libro para mí es cómo los jóvenes se ven arrastrados a un conflicto, a la guerra, incitados por el discurso de odio nacionalista. Los muelen en esta máquina de guerra. Pierden el alma y se convierten en máquinas de matar, pierden la juventud y la inocencia, lo pierden todo. Son cosas prescindibles, mutiladas en la maquinaria de guerra. Intentamos crear este montaje de la máquina de guerra y expresar en los primeros cinco minutos de qué trata la película”.
El director cuenta que usó tomas de la naturaleza “para darte momentos de paz o tranquilidad como contrapeso, para darles a nuestros oídos, ojos y mentes un descanso y también un anhelo. Vemos toda esta destrucción y nos da escalofríos, no es agradable de ver. Y después mirás hacia allá y ves la naturaleza, la belleza, los zorros, la calidez y la familia y el lugar al que querés volver. Eso que perdemos cuando dejamos nuestras casas o el útero y que buscamos toda nuestra vida. Querés preservar eso, y luego, en el momento siguiente, te lo quitan, haciendo más doloroso el contraste.”

La secuencia más desafiante desde el punto de vista psicológico fue la escena central del cráter cuando Paul mata al soldado francés, que Berger restauró en el guión después de que su hija la identificara como la mejor y más espantosamente conmovedora del libro. La escena tenía tres páginas, y tomó 12 minutos en el primer ensayo con Kammerer y el doble. En la escena, el protagonista sostiene un cuchillo real (sin filo) y luego uno falso para apuñalar al soldado mientras la sangre brota de su uniforme: “Entonces Paul toma un puñado de barro y le llena la boca al soldado, tratando de asfixiarlo. Para eso, cavás un hoyo, le ponés arcilla comestible que parece barro y se lo metés en la boca. Son tantos ángulos de cámara, momentos y ritmos diferentes que si no los filmás, se pierden. Filmamos hasta el momento en que Paul se despierta y escucha a los pájaros, lo que para mí era importante porque es el sonido de la paz. Las aves vuelan sobre él. De repente se despierta y acaba de matar a un hombre. Y se va”.
El director agrega: “Félix me dijo que cuando filmamos esto, escuchó un ruido y se dio cuenta de que el camarógrafo estaba llorando. Es un camarógrafo británico. El rodaje fue en la República Checa; el abuelo de este operador de cámara había estado en la Segunda Guerra Mundial y lo había educado para que odiara a los alemanes por lo que había pasado en la guerra”.
¿Qué se viene para Edward Berger?: “Estoy filmando una película en Roma – en inglés – llamada Conclave con Ralph Fiennes. Se trata, básicamente, de un viaje espiritual de la duda, que tiene el personaje de Ralph, pero también de la elección de un Papa. Ese viaje de dudas me atrajo, y también el hecho de que es una historia interesante sobre la competencia por el poder y los juegos de poder que se desarrollan detrás de escena.”







