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2021-05-13
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DOCUMENTAL: EL AGENTE TOPO, DE MAITE ALBERDI: LA OTRA PANDEMIA
La directora chilena propone una curiosa mezcla entre lo real y lo ficticio en esta película que refleja, con humor y ternura, un mundo donde la soledad es protagonista.

Sergio Chamy es un anciano que, recientemente viudo, busca algo diferente para salir de su rutina. Un día, se topa con un extraño anuncio en el diario chileno El Mercurio: “Se necesita adulto mayor hombre: jubilado entre 80 a 90 años. Autovalente, de buena salud, discreto y con manejo de la tecnología”. A pesar de apenas arreglárselas con un celular, el hombre responde al mensaje, que resulta ser de un detective privado buscando a un viejo que pudiera infiltrarse como espía en un hogar de ancianos, e investigar allí si el personal abusaba o no de una mujer (cuya hija, o “clienta”, sospechaba que algo malo estaba sucediendo). Sergio es elegido para la misión, que, además, será filmada, todo el tiempo, por un equipo de realizadores comandados por la directora Maite Alberdi, que ya se había infiltrado en este hogar, pensando que su nuevo largometraje terminaría en una gran denuncia sobre el maltrato a los viejos.
Pero no fue exactamente así.
Cuenta Maite: “El proceso de filmación de El Agente Topo tomó alrededor de cuatro meses y fue un proceso en el que nos hicimos parte de este lugar, nosotros estamos todo el día allí con la cámara. Primero grabamos todo el entrenamiento de Sergio en la oficina. Después entramos nosotros a grabar al hogar antes de que él entrara, con la excusa de que estábamos haciendo una película sobre ese lugar. Y luego, cuando él entra, nosotros hacíamos como si no lo conociéramos. Él estuvo tres meses adentro y nosotros estuvimos todos los días ahí, entonces todo el mundo estaba consciente de que lo estábamos grabando. Interactuamos, pero de una manera como se ve: estamos acompañando a Sergio en este proceso en el que él logró establecer unos vínculos, que si no lo hubiese tenido a él como personaje probablemente esos vínculos no existirían.

Y agrega: “Lo que él hace con estas personas, como regalándoles tiempo, creo que es lo mismo que hicimos con la cámara. Es una cámara que está allí, que está ahí con paciencia, que no está dirigiendo escenas. Hubo días que no grabamos nada y que la cámara estaba esperando. Entonces es esta cámara que espera, y que también acompaña. Hay señoras que están solas, que a veces están todo el día solas, y ahora empezó a estar la cámara ahí. En ese acompañar siento que ellas empezaron a construir una confianza que llega hasta una escena, por ejemplo, donde alguien con inicio de Alzheimer tiene la confianza para llorar frente a su amigo, y llorar frente a una cámara, muy consciente de que estábamos ahí. Pero no es solo una cámara, es un grupo que la ha acogido, y que la ha escuchado, que le ha hecho compañía por un par de meses. El documental está hecho desde un espacio de acogida y de relaciones espontáneas que se dieron, vínculos que se fueron construyendo, y que no se podían dirigir. Pasa desde la espera, la paciencia, y el tiempo.”
Como Sergio está infiltrado, los habitantes del hogar desconocían su verdadera misión, pensando que era uno más de ellos. ¿Qué dilemas pudo provocar esto, una vez terminada la película? La directora responde: “Por supuesto que hay un dilema ético grande. Ellos no sabían la historia específica del Agente Topo, en el sentido en que no sabían la sinopsis. Pero el tema que nosotros les presentamos, yo creo, es el tema de la película. Les dijimos que iba a ser un documental de la tercera edad y de todo lo que pasara allí, y que queríamos filmar lo bueno y lo malo, y que les íbamos a filmar todo el día. Claro, ellos no saben que estaba filmando a un espía, y yo siento que entré como sin ser transparente con la historia. Ahí se me planteaba un dilema ético. Pero al mismo tiempo, ellos sentían cuando vieron la película, que los representaba súper bien. Eso tiene que ver con que en realidad sí mostramos lo que era ese cotidiano. Partí desde el prejuicio de que algo malo estaba pasando ahí adentro, porque lo estábamos investigando. Eso también, de alguna manera, inconscientemente, como que me habilitaba para hacer esta mentira. Cuando me empecé a dar cuenta de que este lugar es bueno, claramente tuve un dilema de ‘yo no conté que esta era una película de un espía, y no fui transparente, y en realidad entré con otra excusa a este lugar’. Pero desde el momento que ellos la ven, y que les fascina, y que la promueven, y que sienten que los representa, ese dilema también se diluye.”

Alberdi aclara: “Entré al lugar desde el prejuicio para ver una situación de maltrato, y también como que iba a hacer una película de detectives donde el caso era súper importante, y las pruebas, y lo que pasara, y la clienta. Cuando en realidad te das cuenta que lo más importante es la relación y el vínculo que se produce donde hay personas mayores abiertas a la experiencia. Desde ahí, desde el regalar tiempo para que las identidades aparezcan, siento que lo que hace Sergio en la película es que se va a otro lugar y la investigación no importa tanto. Mi película de detectives en realidad es una excusa para ver un tema que, sin esa excusa, quizá nadie vería. Si invitamos al público a ver un documental sobre cuán solas se sienten las personas mayores, yo no lo voy a ir a ver. Pero acá es al revés. Mi excusa, la película que yo quise hacer al principio, al final termina siendo un gancho que toma la mano del espectador para que enfrente temas que no queremos hablar, que no queremos mirar, y que en general no ponemos sobre la mesa. No hablamos de cómo queremos envejecer. Cuando niños hablamos mucho de cómo queremos crecer. Cuando joven pensamos en el adulto que queremos ser. Pero nunca nos preguntan sobre el viejo que queremos ser.

La pandemia de coronavirus ha afectado a todas las personas, a nivel global. Sin embargo, la directora manifiesta: “Por supuesto que hubo muchas pérdidas debido al COVID, las personas mayores fueron las más afectadas. Pero lo más fuerte acá para mí es pensar que en este lugar había una pandemia anterior, que era la pandemia de la soledad. Ellos ya estaban aislados socialmente, las puertas de su hogar estaban metafóricamente cerradas antes del confinamiento. Muchos de ellos no tenían visita, hay un personaje que no tiene visita desde hace dos años. O funerales donde no llegaban los familiares. Claro, la pandemia los obligó a confinarse y a cerrar las puertas de manera oficial. Pero acá había un cierre que ya había sucedido simbólicamente. Las personas no estaban entrando y ellos estaban en una burbuja de aislamiento. Para mí el personaje de la Marta, que está ahí en la reja como ‘quiero salir y quiero ir a otro tiempo’, por mucho que tenga demencia, las está representando a todas. En ella está el confinamiento anterior. Entonces, ¿qué pasó con la pandemia? Nos hizo conscientes a los que estamos fuera y nos empezamos a preguntar ‘Uy, ¿hace cuánto no veo a mi papá o mi abuelo o mi abuela?’. La gente empezó a llamar y empezó a pensar hace cuánto que no los veía. Pero la conciencia fue para los otros, no para los que estaban ahí, que ya estaban solos y aislados.”







