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2020-05-13
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MINISERIE: POCO ORTODOXA, DE MARIA SCHRADER: SOLO QUIERO ESCUCHAR MI VOZ
Basada en hechos reales, la historia de una chica que huye de una comunidad judía ultra ortodoxa de New York buscando su identidad es el nuevo fenómeno de Netflix.

Poco Ortodoxa, la miniserie de cuatro episodios que ofrece la plataforma Netflix se trata de una adaptación del best seller de Deborah Feldman, Unorthodox, publicado en el año 2012, que cuenta la vida de Esther Shapiro, una joven que decide abandonar a su comunidad judía ultra ortodoxa en Nueva York, para encontrarse a sí misma en la ciudad de Berlín. Criada para ser una esposa y ama de casa ejemplar, Esty nunca recibió una educación más allá de lo que Dios y su religión dicen. Pero un día decide escapar de Williamsburg, el barrio neoyorquino donde vive, viajando a Berlín, donde se encuentra su madre, quien abandonó esta comunidad hace varios años. Ahí conoce un grupo de jóvenes que estudian música en un conservatorio y entonces, comenzará también un camino de liberación.
La actriz, guionista y directora alemana Maria Schrader se sorprende por las repercusiones que la historia ha tenido, para la audiencia y la crítica: “Para ser honesta, es abrumador. Nadie había esperado algo así. Somos esta pequeña producción alemana, a fin de cuentas, y a veces nos sentimos fuera del radar de Netflix. En el momento en que publicaron los anuncios en Times Square en la gran cartelera, pensamos: ‘Guau, algo realmente está sucediendo. Parecen creer en eso’. Pero que se reciba en los Estados Unidos, que se encuentre entre los 10 principales proyectos más vistos en Netflix en tantos países, es abrumador.”
Schrader tuvo a su cargo los 4 episodios, tras haber dirigido junto a Dani Levy el thriller La Jirafa (Meschugge – 1998, que también protagonizó) y luego, encabezó en solitario el drama Liebesleben (2007) y el drama biográfico Stefan Zweig: Adiós a Europa (Vor der Morgenröte – 2016): “Empecé siendo una actriz de teatro. Mi primer contacto con el cine fue escribir guiones. Colaboraba con Dani, mi pareja de aquel entonces, e inventábamos las películas para nosotros. Es decir, escribía guiones para poder actuar en el cine. Hicimos tres o cuatro largometrajes juntos. De uno a otro, mi posición se hizo más responsable, o sea, participaba en todo el proceso, también aprendí a editar. Fue un proceso natural para mí. Siempre me interesó la realización, el procedimiento, los aspectos técnicos, pero también el hecho de involucrarme en preguntar de qué se trata la historia y por qué estamos contándola. ¿Cuál es el objetivo y cómo llegamos allí?”

Pero, ¿cómo comenzó esta historia? Maria cuenta que “yo conocía de antes a la productora ejecutiva, Anna Winger. Actué en su primer programa, llamado Deutschland 83 (2015), y en la continuación, Deutschland 86 (2018), así que nos conocimos allí. Teníamos un plan para trabajar en esta constelación antes. Ella ha visto mis películas, las que he dirigido, y vino a mí, me presentó el libro y a Deborah Feldman, y al instante pensé: ‘Eso es algo para nosotros’. Anna se puso en contacto con Netflix, que fue muy rápido en responder.” La directora continúa: “Fuimos a Williamsburg, el barrio judío donde sucede la historia, para nuestra investigación. Según recuerdo, ya teníamos el primer borrador del guión. Pero en mi memoria todo sucedió en paralelo al mismo tiempo. En el momento en que tuvimos luz verde en Netflix, ya sabíamos que teníamos que entregarlo dentro de un año. Entonces, el proceso de escritura, la investigación, el casting, las locaciones, la búsqueda de los miembros del equipo, todo se entrelazó y comenzó al mismo tiempo. Fuimos dos veces a Williamsburg. El primer viaje comenzó simplemente caminando por las calles, mirando tiendas, obteniendo tantas impresiones como pudimos. Para entonces ya estábamos acompañados por nuestro supervisor, el maravilloso Eli Rosen (consultor cultural del programa y traductor yiddish, que también aparece en la serie). Tuvimos la posibilidad de conocer gente que aún vive en esta comunidad y que nos llevó a sus hogares. Fueron muy abiertos. Creo que dentro de la comunidad y dentro de las reglas hay gente bastante liberal. Cuando caminás las calles ves que pasa lo que pasa en cualquier lado: hay gente que se dispone a hablar con vos, y hay otra que no desea hacerlo.”
El contexto de la historia logra resultar específico y universal, y Schrader explica: “Creo que, en primer lugar, la historia de Deborah es una historia muy específica porque creció sin padres, lo cual es totalmente inusual, y sin hermanos. Fue criada por dos personas muy viejas en una casa vacía. Y esto es muy atípico. El aspecto específico también es que su matrimonio estaba bajo presión y era infeliz, no funcionaba. Si hubiera sido diferente, y hubiera habido romance involucrado, y ambos hubieran tenido esperanzas para el matrimonio, Deborah no se habría ido. Creo que estas son las historias y elecciones individuales que existen en todo tipo de sociedad. Hay felicidad, hay infelicidad. Por lo tanto, era muy importante para nosotros obtener los detalles correctos, pero permanecer cerca de esta historia específica de Deborah, Esther en nuestro caso, y permitir la posibilidad de imaginar que el vecino lleva una vida diferente. Así que estamos lejos de condenar, juzgar o generalizar.” ¿Cómo trabajar esta historia para evitar eso, justamente, que el público tendiera a juzgar lo que ve?: “Fue un gran objetivo. Además del hecho de que, por supuesto, es un tema muy delicado para retratar, o al menos retratar a algunos individuos de una comunidad que no quieren ser retratados de ninguna manera, eso lo hace sensible. Por otro lado, diría que vale para todo tipo de película, porque la belleza de hacer películas o narraciones televisivas es ofrecer una experiencia que permita a las personas sumergirse en una historia e identificarse, aunque sea algo incómodo o inquietante. Ella estaba orgullosa. Nos visitó en el set y nos dábamos cuenta de que estaba emocionada. Creo que también hubo algo que te abruma, especialmente en las partes 3 y 4: estos dos episodios se sumergen de verdad en la infelicidad y en la intimidad. Para mí, es el núcleo de la infelicidad, esta presión ejercida sobre los hombros de una mujer tan joven, sobre la parte más personal e íntima de su vida que aún no ha experimentado. Es terrible lo que le sucedió, y lo que también le pasa a Esther en la historia, y creo que fue difícil para Feldman experimentarlo: volver a verlo en la serie, a pesar de que pensó que lo había dejado mucho tiempo atrás.”

Sobre la escena del lago, donde Esty se quita la peluca en una clara analogía de liberación, la directora cuenta: “Era nuestro último día de rodaje en Berlín antes de ir a Nueva York, y se suponía que filmaríamos esa escena en la playa dos o tres veces antes, y hacía mal tiempo. Estábamos bajo una presión increíble. Cada vez que decía: ‘No, no vayamos allí si no hay 1.000 personas en la playa como de costumbre’ siempre teníamos mal tiempo, así que este último día de rodaje fue nuestra última oportunidad, y sabíamos que teníamos que ir. Tuvimos suerte y el día estaba día soleado y hermoso. Como se ve en la imagen, el sol está a punto de ponerse en el momento en que entra y se quita la peluca, así que fuimos muy afortunados de capturarlo todo. Fue mucho que filmar ese día. La última toma con drone, por ejemplo, se hizo casi en la oscuridad. La puesta de sol había quedado mucho tiempo atrás, pero igual pudimos usarla. Esta toma, cuando ella entra al lago, fue una hermosa combinación de trabajo de dos personas muy talentosas: nuestro DF, Wolfgang Thaler, y el cámara, y por supuesto, Shira, quien le dio a estos pasos un ‘gusto’ sagrado. Eran los últimos cinco minutos. Ella y yo habíamos hablado mucho al respecto e intercambiado nuestros pensamientos, y la cámara simplemente la siguió. Este es uno de los regalos hermosos que recibirás como directora, porque como directora siempre estarás en una posición pasiva en el momento en que realmente ‘suceda’. Solo podés prepararte, y esperar lo mejor.”







