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2019-08-21

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FICCIÓN: DOLOR Y GLORIA, DE PEDRO ALMODÓVAR: EL HOMBRE QUE HABITO

El director manchego trae a la pantalla grande su historia más autobiográfica protagonizada por su actor más almodovariano, Antonio Banderas.

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Antonio Banderas en Dolor y Gloria (Pedro Almodóvar – 2019): “Hubo un momento en el que me hice una pregunta: ¿Estoy dispuesto a llevar esto hasta las últimas consecuencias? Y dije que sí, y me propuse tener el valor de tirar de entrañas. En ese momento, sentí una enorme libertad. Cuando escribo y cuando ruedo, soy libre”

Pedro Almodóvar ha puesto en su nuevo trabajo, Dolor y Gloria, su propia confesión; su carnadura propia. O eso dicen. Él manifiesta: “Yo no tengo esa sensación. Tampoco era una cuestión de coquetería, de exponerme, ni siquiera es un autorretrato. Pero es evidente que emocionalmente me representa más que otras películas. Estoy más expuesto, no solo por lo que cuento de mí, sino por lo que cuento de mí y no fue.” Y continúa: “Es una película incómoda, pero al mismo tiempo también muy luminosa. Y, además, en ella me reconozco como director. Pensar que es real y que no en ella, es una tentación en la que es mejor que no se caiga, porque no es una película en clave, por mucho morbo que pueda generar. Hay cosas que son reales, como la escena de la mortaja, que mi madre viajaba con ella los últimos años de su vida por si le pillaba la muerte por el camino, y otras que podrían haber sido ciertas pero que no ocurrieron en la realidad, como la conversación que mantienen la madre y el hijo, y en la que se reprochan mutuamente no haberse entendido, comprendido, en muchos momentos de su vida.”

Ante tanto sincericidio visual, el director admite que “al principio tuve el vértigo de exponerme demasiado. Soy muy pudoroso, de mi vida íntima no hablo ni a mis amigos, pero una vez lo superé me convertí en un tema más. Aunque algunas escenas con la madre yo recuerdo escribiéndolas llorando. La película no hay que verla de un modo muy literal: sí que he vivido un amor truncado en un momento en que el amor estaba vivo, pero yo no he tenido esa relación de extrañeza con mi madre. Eso representa las miradas de extrañeza que yo sentía cuando era niño en el pueblo, en la familia y el colegio. Tampoco me he enamorado a los 9 años de un albañil pero podría haberme ocurrido. Es una suma de experiencias y el personaje de Antonio, al igual que los de Asier Etxeandia y Leonardo Sbaraglia, reproducen situaciones que han tenido que ver conmigo, pero que no llevan detrás nombre y apellidos. Son un poco personajes Frankenstein, seres creados a partir de otros y el resultado de haber cogido de aquí y de allá; cosas que me han ocurrido, que he oído o que estaba presente cuando pasaron.”

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Antonio Banderas y Nora Navas en Dolor y Gloria (Pedro Almodóvar – 2019). No es casual que su productora lleve el nombre El Deseo. El Deseo, así, con mayúsculas, condiciona gran parte de su filmografía. Almodóvar expresa que “el deseo puede llevarte a lugares trágicos, pero yo estoy de su parte, merece la pena recorrer esos caminos. Supone una pérdida de control y eso es lo contrario a la educación religiosa que recibí. Es un posicionamiento vital dentro de la sociedad en la que vives. El deseo no es un camino de rosas, tampoco es algo que se mantenga en el tiempo, por eso tiene algo de frustrante. Pero soy partidario de un modo político más que biológico. Hay que entregarse a él, dejarse llevar”

La trama es muy simple: un director de cine, en plena madurez, ve cómo la enfermedad entra en su vida e interrumpe de cuajo su carrera. Desde la soledad más absoluta, Salvador Mallo, el cineasta que interpreta Banderas, reordena su vida: de la luminosa infancia a la decadencia física, sin olvidarse de aquellas personas que han marcado su existencia: la madre omnipresente; un amor roto, a su pesar, y alguna lealtad inquebrantable. “Necesitaba hacer esta película. Ha sido una especie de bálsamo, estaba preocupado por las mismas razones que el protagonista. No estaba seguro de poder hacer físicamente la próxima película y tengo miedo de no sentir la misma pasión que he sentido hasta ahora por contar historias. El hecho de haberla hecho significa que he superado esa incertidumbre momentáneamente”.

En Dolor y Gloria, Salvador recurre a la heroína, que actúa como una medicina paralela que lo sume en un sopor donde brotan los recuerdos y no existe el dolor. Sin embargo, el director admite que “nunca he tomado caballo: nunca. Pero reconozco que en algún momento llegué a pensar en ir a buscarlo, porque estaba harto de tanto dolor y pensé que lo mismo me ayudaba. No he probado nunca la heroína porque, por alguna razón, mi organismo sabía que no iba con él, ni con mi carácter. Pero muchísimos de mis amigos murieron: unos en los 80, otros en los 90. Hay quien dijo que la heroína fue para los jóvenes de los 80 como la guerra de Vietnam, porque estabas muy expuesto. Era la droga más peligrosa, pero simbolizaba la libertad y nadie nos había hablado de sus peligros. Además, nuestros ídolos tomaban drogas: desde David Bowie, que estaba como un fideo de todo lo que se metía, a Lou Reed, o los de la Warhol Factory, la New Wave o el punk.”

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Leonardo Sbaraglia, el director Pedro Almodóvar y Antonio Banderas en el set de Dolor y Gloria (2019) “Antonio era el más legítimo para interpretar a Salvador, muchas cosas de las que hablo las conoce de primera mano. Entendió que lo que le iba a pedir era lo opuesto a lo que le había pedido hasta ahora. No era el Banderas apasionado con ese brío y esa bravura características. Su tesitura debía ser gestual, minúscula”

En la película, Antonio Banderas es Salvador Mallo. O Pedro Almodóvar: “Yo le dije que si en alguna escena tenía problemas, que me imitara directamente. Pero me dijo que no, que prefería construir el personaje desde la ficción y partiendo de otras cosas. Y me parece extraordinario que se convierta en mí, sin ser del todo consciente. Es el mejor trabajo que ha hecho en su vida y estoy muy contento de que haya sido el protagonista, porque representa a un personaje que tiene 60 años. Cuando empezamos a trabajar juntos, Antonio era un animal apasionado, que barría con su sola presencia. Pero ahora es otro, porque está en la madurez y porque ha pasado en tres ocasiones por el quirófano. Han sido tres operaciones de corazón bastante severas y aunque él sigue igual de vital y divertido y no le ha cambiado el carácter, yo notaba en su cara la experiencia de quien sabe que podía haberse muerto. Y le dije que era una putada lo que le había sucedido, pero que a mí, como director, me venía muy bien. El Antonio Banderas de ahora está en otra tesitura: sus gestos son muy sutiles, pequeños… Y con la película terminada me parece muy legítimo que haya sido él quien asumiera mi papel. Porque Antonio es el legítimo protagonista, es el Mastroianni de Fellini en ‘Ocho y medio’, por muchas razones: por haber vivido de la mano conmigo los años 80, por haber trabajado juntos, por todo lo que hemos hecho.”

Después de más de veinte películas en su haber, reconoce que sigue sintiendo vértigo al terminar una obra: “Es que nunca sabes cómo va a quedar y si va a funcionar. Uno se la imagina de una forma, y a veces sale de otra. Dolor y Gloria tiene soluciones narrativas arriesgadas, y no sabía cómo iban a encajar todos esos elementos, esos materiales. Cuando haces una película trabajas sin red. Yo, Tarantino, Scorsese y cualquier debutante. Tiene soluciones muy arriesgadas y no sabía cómo iban a encajar todos esos materiales. Porque me dirás, ‘siempre puedes hacer otra película’. Pero no sirven todas. Además, después de mi operación de espalda creí que no podría estar tanto tiempo de pie para rodar Julieta (2016), porque rodar es un acto muy físico y tienes que estar muy mentalizado. Estaba aterrado. Sin embargo, el dolor desapareció mientras hacíamos la película y cuando terminamos, volvió. Eso demuestra que el cine no es que sea importante en mi vida, es que es mi vida. Sin el cine mi vida tiene poco sentido. Es algo que le he trasmitido al personaje de Antonio. Eso y el miedo al paso del tiempo.”

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Otra de sus figuras fetiche, Penélope Cruz, interpreta a su madre en Dolor y Gloria (Pedro Almodóvar – 2019): “Uno nunca debe olvidar. La memoria es necesaria, en todos sus aspectos, la personal, la histórica, la social, la de un país. Lo dice alguien que intentó renegar de forma consciente del pasado en sus películas de juventud, como si la sombra de Franco no hubiera existido. Fue un modo de vengarme de toda esa herencia malsana, intentando empezar de nuevo, desde cero. Pero era una postura intelectual, no significaba que hubiera olvidado. Uno nunca debe olvidar, ni las cosas buenas ni las cosas malas”

Pedro se sincera: “Mi vida se ha convertido en una lista de abstinencias. No salgo, no fumo… y así sucesivamente. Es lo que toca, pero mentalmente echo de menos la fuerza de la juventud, y no es una cuestión nostálgica. Me encantaría salir una noche y comportarme como en el año 82. Uno piensa que con casi 70 años tiene otras necesidades, y no es verdad. La vida nunca se adecúa a la edad que tienes. Me resigno, trabajo y vivo con lo que tengo. Pero no me gusta mi vida ahora mismo. Tengo que encontrar el modo de adecuarme, y en eso estoy. Me asusta muchísimo cumplir años. No voy a ser un buen anciano. Hay gente que está preparada para envejecer. Yo no. Estoy de acuerdo con Philip Roth, que decía que la vejez no es una enfermedad, es una masacre. Soy una persona mayor, y no lo llevo bien. Pero esa es otra película que no voy a hacer.”

Sobre sus próximos proyectos, Pedro cuenta: “No me niego a la idea de hacer una serie, pero rompería alguna de las normas porque no concibo que cada capítulo tenga la misma duración. Tengo un libro de relatos del que hemos comprado los derechos y para eso sí veo una serie. También estoy cada vez más cerca de filmar en inglés, pero me da terror. Julieta que ser en inglés, y ya había hablado con Meryl Streep, pero en el último instante me entró inseguridad y decidí volver a España.”

FUENTE: www.elperiodico.com | www.revistaarcadia.com