Mirá las entrevistas y últimas novedades del Audiovisual en Argentina y el mundo.
2019-06-20
Compartir esta página
FICCIÓN: DOGMAN, DE MATTEO GARRONE: UNA HISTORIA VIOLENTA
El director de Gomorra regresa con este thriller basado en hechos reales sobre un peluquero de perros que trama vengarse de un narco, con consecuencias inesperadas.

Matteo Garrone sorprendió en 2008 con su adaptación cinematográfica del libro Gomorra de Roberto Saviano. Ahora regresa con Dogman, un thriller por el que su actor protagonista, Marcello Fonte, ha ganado el premio al mejor actor en el Festival de Cannes este año.
Basada en un sórdido caso real, es la historia de un hombre apocado que posee una peluquería canina en un inhóspito suburbio, y que vive a la sombra de un delincuente increíblemente violento al que parece ver como un rottweiler que tarde o temprano logrará domesticar. Obviamente, está equivocado.
Dice el director: “Como suele ocurrir en mis películas, todo comenzó con una imagen: unos perros encerrados en jaulas que eran testigos de la explosión de la bestialidad humana. Esta imagen es de hace diez años cuando pensé por primera vez en hacer la película. Pero ¿realmente en aquel momento era exactamente ‘esta’ película? Es difícil de decir porque Dogman ha ido evolucionando conmigo, convirtiéndose continuamente en algo nuevo y diferente. Algunas de las ideas iniciales se han mantenido pero no creo que hayan conservado el sentido más profundo de la historia que yo quería contar entonces. Además, me encantan los perros, siempre hacen algo inesperado. Eso es lo que quiero de todos mis actores; trabajo con ellos para llegar al momento donde algo realmente único aparece.”

Garrone cuenta como descubrió a su protagonista, Marcello: “Fue una coincidencia trágica. Él viene de una familia pobre en Calabria. Cuando nos conocimos él era el guardián de una casa ocupada. Había un grupo de teatro de ex presidiarios que ensayaba allí y mi director de casting fue a verlos actuar porque buscábamos a algunos tipos duros para la película. Sin embargo, justo antes de que apareciera, uno de la compañía murió en el baño a causa de un aneurisma cerebral. Como siempre estuvo en la casa y se sabía todas las líneas, Marcello se adelantó y tomó su lugar. La verdad que quiero subrayar la importancia de haberlo encontrado para el papel principal. Su dulzura y su rostro, que parece provenir de una Italia que tiende a desaparecer, ha contribuido de manera decisiva a dejarme claro cómo tratar un tema tan turbio, que durante años me ha atraído y repelido, pero también como tratar al personaje que quería mostrar: un hombre que en su intento de redimirse tras una vida de humillación se siente decepcionado por haberse liberado a sí mismo y por haber liberado a sus vecinos e incluso, quizás al mundo, a pesar de que este permanezca exactamente igual o incluso indiferente.”
A primera vista, Dogman es un relato que habla de venganzas. Pero el realizador italiano no lo ve tan así: “No es únicamente una historia de venganza, incluso aunque esta tenga un papel importante en ella. Tampoco es una variación del eterno tema de la lucha entre el débil y el fuerte. Pero sí es una película que, incluso con su historia extrema, nos hace enfrentarnos a algo que tiene que ver con cualquiera de nosotros: las consecuencias de las elecciones que hacemos a diario para sobrevivir, de las afirmaciones que en un momento dado hacemos y que nos llevan a no poder negarnos nunca más y de la diferencia existente entre quiénes somos y quiénes creemos que somos. Es por esta reflexión por lo que considero a Dogman una película universal, ética pero no moralista. Pero quiero dejar claro que hay una gran distancia entre la historia que cuento y los titulares que la inspiraron. Todo, absolutamente todo, desde las locaciones, los personajes y su psicología se han transfigurado en la película.”
Con respecto a esa historia – un espantoso caso de homicidios de la década de 1980 – en la que se basan los hechos, Matteo cuenta que “siempre me ha interesado el ser humano; quería explorar los conflictos y deseos de este hombre, así como sus temores. La historia real detrás de esta película es famosa en Italia porque se trata de tortura. Es increíblemente oscura, pero para mí Marcello no es un personaje que pueda infligir este tipo de sufrimiento a alguien, no es posible. Ha pasado a los anales de la historia criminal italiana por su extrema crueldad, y perfectamente habría podido ser usado como base de una película llena de sangre. Sin embargo, lo que a mí me interesaba de la historia no es eso; yo he querido explorar la violencia psicológica que la envuelve. Debo confesar que puedo identificarme fácilmente con su protagonista porque siempre he sentido un miedo terrible a verme en una situación parecida a la suya. Un día cualquiera, sin comerla ni beberla, alguien te mete en un problema y de repente toda tu vida se va a pique. Sí, hay mucha violencia, pero es una película sobre un hombre que solo quiere recuperar su dignidad.”

La pintura forma parte de la vida del director romano, ya que después de recibirse en un liceo artístico, se dedicó a pintar hasta que colgó los pinceles en 1996 cuando rodó su primer largo, el drama Terra di Mezzo: “Mi sensibilidad estética le debe muchísimo a pintores como Caravaggio, Rembrandt y Goya. En mi cine no me inspiro en ellos conscientemente, pero su presencia es evidente en los colores que intento destacar, y en la manera que tengo de filmar los rostros de mis personajes. Y esas son las cosas que más me importan en una película. En realidad, todavía me siento como un pintor.” Sin embargo, la violencia es un elemento constante también en su cine: “Sí, porque es algo que está muy presente en nuestras vidas. No hay más que echar una mirada a nuestro alrededor. Y para mí es algo muy interesante porque es inexplicable. Quienquiera que entre en contacto con la violencia está destinado a ser presa de ella, aunque simplemente lo haga de forma circunstancial, o por el mero hecho de estar en el lugar y el momento equivocados.”
¿Qué sigue en la carrera de Matteo? Nada menos que un clásico de clásicos: “Mucha gente únicamente conoce el cuento gracias a Disney, que de hecho, está haciendo su propia versión ahora, y por tanto ignora lo oscuro y brutal que es el relato original de Carlo Collodi. Yo me obsesioné con Pinocho a los seis años, y hay algo de él en todas mis películas; mis personajes siempre parecen encontrarse a sí mismos enfrentando la violencia del mundo en el que habitan. Así que, más que un desvío, la película será algo así como un destino final.”







