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2017-11-21
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FICCIÓN: THE SQUARE, DE RUBEN OSTLÜND: ARTE PARA PROVOCARTE
El drama satírico sueco, ganador de la Palma de Oro en Cannes, analiza las contradicciones de la alta burguesía de su país con grandes chances de obtener un Oscar.

El director sueco Ruben Östlund, con su primer largo de ficción Gitarrmongot (2004), retrató unas vidas alternativas dentro de una sociedad ejemplar; cuatro años más tarde, al más puro estilo Relatos Salvajes (Damián Szifrón – 2014), se lanzaba con Involuntario (De Ofrivilliga – 2008) al análisis de la relación entre un individuo y la sociedad en que vive, a través de cinco episodios. Tras Play (2011), en la que unos jóvenes utilizan el poder de la discriminación positiva, llega el bombazo, Fuerza Mayor (Turist – 2011) comedia dramática que ganó el Premio del Jurado en Cannes.
En The Square, el danés Claes Bang interpreta a Christian, un próspero director artístico de un museo de arte contemporáneo en Estocolmo que se prepara para montar la instalación del título: un cuadrado de luz en el patio del museo. Una inscripción a su alrededor dice: “The Square es un santuario de confianza y cuidado. Dentro de él, todos compartimos los mismos derechos y obligaciones”. Sin embargo, cuando es asaltado en su camino al trabajo un día cuando intentaba intervenir en lo que él cree era una disputa tensa, se desliza por un complicado agujero negro moral, forzado a considerar su clase, su posición social y sus propias inseguridades.

Dice Östlund: “La película trata sobre el conflicto entre nuestro instinto y nuestro intelecto. Se generó porque cuando estaba haciendo Play leí expedientes de la corte porque estaba inspirada en los robos que ocurrieron en la ciudad donde vivo. Estos chicos realmente jóvenes estaban robando a otros chicos en un centro comercial. Cuando leí los expedientes, pude ver que en muy pocas ocasiones los adultos interactuaban o intentaban ayudar a los niños. Y los chicos no pedían ayuda. Hablé con mi padre sobre esto – y en verdad esta historia se convirtió en una escena en la película – porque mi padre me dijo que cuando él tenía seis años (criado en los años 50) sus padres pusieron una etiqueta con su dirección alrededor de su cuello y lo enviaron a las calles de Estocolmo a jugar. Un niño de seis años en el centro de Estocolmo, totalmente solo. Pero era tan obvio que, en ese momento, mirabas a otros adultos como alguien que ayudaría a tus hijos si tuvieran problemas. Hoy tendemos a mirar a otros adultos como posibles amenazas para nuestros hijos. Y cuando estaba lidiando con esto, también comenzaron a construir las primeras comunidades cerradas en Suecia. Una comunidad cerrada es una forma muy agresiva de decir: ‘No nos responsabilizamos por lo que hay afuera; lo vemos como una amenaza’. Entonces, en este contexto, a mí y a un amigo mío productor de cine, Kalle Boman, se nos ocurrió la idea de que deberíamos crear un lugar simbólico donde se nos recuerde nuestra responsabilidad común. Y fuimos invitados a un museo -el museo de diseño Vandalorum en Värnamo, Suecia- para hacer una exposición sobre algo, e hicimos una sobre esto. Ellos construyeron el primer Cuadrado (Square), y ahora en realidad hay otras dos ciudades en Noruega que han construido cuadrados en sus ciudades. Para mí, era una forma de romper el Efecto Espectador. Somos animales de rebaño, así que nos asustamos cuando suceden las cosas. Debemos recordarnos, ‘En realidad soy yo quien debería hacer algo’. Y es tan fácil como una señal de tráfico. La civilización se basa en acuerdos entre seres humanos. Hay caminos que tienen pasos peatonales, y es un acuerdo muy simple: aquí, el conductor del auto debe tener cuidado y detenerse para permitir pasar a los peatones. Y, por supuesto, podés crear nuevos acuerdos. Cuando comenzamos a pensar en esto, nos dimos cuenta de que todos queremos vernos a nosotros mismos como racionales e intelectuales, pero tenemos que acordarnos de actuar de cierta manera”.

Ruben continúa: “Creo que para mí fue una película muy difícil de escribir, y difícil de hacer. ¿Cómo te sentís sobre el tema que – como dicen los tipos de relaciones públicas en la película – todos están de acuerdo con estos valores del Cuadrado, entonces, ¿por qué debería involucrarme con eso? Pero para mí, fue el momento en que me di cuenta de que quería contar la historia en dos niveles, por así decirlo. Uno, a nivel individual, cuando estás practicando tu vida, tratando de lidiar con cuestiones de moral en las calles y con tu familia. Y la otra capa fue, para mí, esos temas en un nivel más social, y atacar un poco el clima de los medios, y atacar el mundo del arte que se supone que debe lidiar con las ideas que surgen de estos temas, y comentar sobre lo que tenemos que lidiar como seres humanos. Pasé mucho tiempo viajando, yendo a museos de arte contemporáneo, cuando escribía el guión. Cada vez que terminaba en una ciudad diferente, visitaba el museo de arte para ver qué estaba sucediendo allí. Debo decir que es muy difícil distinguir la diferencia entre ellos. Tienen este letrero en neón, y estas grandes piezas de metal de pie en el medio de la habitación, o lo que sea. Me sentí un poco como debió sentirse (Marcel) Duchamp cuando colocó un orinal en un museo. En aquel momento fue una provocación, pero hoy no lo es. Es como un ritual o una convención que simplemente se repite. Ha perdido la conexión con lo que sucede en el mundo exterior. Pero para mí, la película también podría suceder en el mundo del cine. Tenés que criticar estos campos y tenés que criticar tu propio puesto como director. Si rasco la superficie, ¿obtengo el contenido o sólo estoy interpretando un rol?”

El director ejemplifica: “Vi un discurso de un profesor sociológico muy interesante que describía lo que es un sueco. Usó un triángulo, y colocó el estado en la parte superior, el individuo a la izquierda y la familia a la derecha. Luego puso dónde encontrar a Estados Unidos, Alemania y Suecia en ese triángulo; donde ponés tu confianza es de lo que se trataba el triángulo. He vivido en estos tres países durante bastante tiempo. Entonces los estadounidenses pusieron su confianza entre el individuo y la familia. Y los alemanes, entre la familia y el estado. Pero los suecos la pusieron entre el individuo y el estado, y esto señala algo: somos súper individualistas, pero al mismo tiempo tenemos una gran creencia en este proyecto común que es el estado. Creo que eso ha cambiado con el tiempo. Tomemos por ejemplo, el asunto de las comunidades cerradas. Creo que nosotros, como especie, nos enojamos cuando vemos un desequilibrio. Cuando vemos desigualdad; cuando vemos pobreza. Así que sigo pensando que definitivamente nos preocupamos unos por otros, pero tampoco es así como estamos construyendo ciudades. La idea principal con las ciudades hoy es, ‘ve a este lugar; consume’. Creo que también se pueden ver diferentes culturas y diferentes niveles de confianza ahí, también. En Suecia, solo para hacer una comparación sobre esto, si llevás un bebé en un cochecito y vas a una cafetería, podés dejarlo afuera cuando estés adentro tomando tu café. Cuando le decís eso a los estadounidenses o a otros europeos, dicen: ‘¿Qué? Eso es una locura’. Pero en la sociedad escandinava hay un argumento muy fuerte de que no se roba un niño. Y aún así, nunca dejarías tu cartera fuera de la cafetería, porque si te la roban, entonces es culpa tuya por ser estúpido.”







