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2018-09-05
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FICCIÓN: TARDE PARA MORIR JOVEN, DE DOMINGA SOTOMAYOR: RETORNO A LA INOCENCIA
La directora chilena se convirtió en la primera mujer en ganar el premio a la Mejor Dirección en el Festival de Cine de Locarno con su segundo largometraje.

Tarde para Morir Joven narra la historia de los adolescentes SofiÌa (Demian Hernández) y Lucas (Antar Machado) quienes, junto con Clara (Magdalena Tótoro) de 10 años, viven en una aislada comunidad a los pies de la Cordillera, en 1990, año del retorno de la democracia a Chile. En este lugar enfrentan sus primeros amores y miedos, mientras se preparan para una fiesta de año nuevo. Ellos viven tal vez lejos de los peligros de la ciudad, pero no de los de la naturaleza.
Cuenta la directora: “El 1 de enero de 1990, comenzó un incendio en la comunidad residencial justo debajo de los Andes, en las afueras de Santiago. Mis padres se habían mudado allí con un grupo de no más de diez familias, en el medio de la naturaleza y aislados de la ciudad. Hace un tiempo encontré una cinta de VHS con las grabaciones de aquel día. Había gente tratando de detener el fuego, las llamas fuera de control y árboles quemándose, todo rodeado de humo. Tenía cinco años cuando eso pasó. No tuvimos consciencia exacta de la dimensión del fuego y sus consecuencias. Ese día, me mantuvieron alejada de eso y no pude verlo hasta mucho más tarde, en estas imágenes borrosas, con la mala calidad. Cuando lo vi, me llamó la atención la vulnerabilidad de este mundo, que parecía tan idílico. Esta película fue para mí la posibilidad de mirar a un tiempo atrás, lleno de curiosidad, desconectado; capturar una forma de vivir que me marcó, que se está yendo, y que ya no parece posible. Todo gira alrededor de la posibilidad de desaparecer; la película retrata a un grupo de personas que ha elegido vivir lejos de la ciudad en un entorno natural, pero amenazado al mismo tiempo por esto. Están confinados en este exilio autoimpuesto donde se enfrentan a su propia naturaleza”.

Y continúa: “En diciembre de 1989, (Augusto) Pinochet fue expulsado por el voto popular, en la primera elección democrática después de la dictadura, y en marzo de 1990, (Patricio) Aylwin, el primer presidente en la transición, comenzó su mandato. Ese verano, entre diciembre y marzo, fue el período cuando llegamos a vivir allí. Era un momento muy particular, una transición en sí misma, un paréntesis lleno de expectativas. La película retrata este período marcado con la ilusión de un nuevo comienzo. Yo quise omitir todo lo que fuera concreto y político de esa época, dejarlo fuera de cuadro. Es un verano muy particular, pero a la vez, podría ser cualquier verano. Sucede en 1990, pero el lugar y las condiciones en las que viven no muestran evidencia de un tiempo determinado. Las fotos de esa época y las imágenes de VHS, fueron una motivación y referencia para ciertos aspectos de la imagen. Creo que la película representa un período de tiempo que ha transcurrido, pero también podría ser ahora. Es como un recuerdo en tiempo presente. Yo quería pasar por los paisajes reales y mentales, donde los bordes no son claros: interior/exterior, femenino/masculino, pasado/presente. Los límites son borrosos y permeables.”

Sotomayor debutó en 2012 con De Jueves a Domingo (2012), su primer largometraje que también fue reconocido en diversos festivales. Con respecto a las posibles conexiones con su trabajo previo, Dominga cuenta que “siento que he estado siguiendo el mismo camino desde mis cortometrajes anteriores. Me interesan las situaciones cotidianas, pero vistas desde la distancia, o enmarcadas de una manera que las hace incómodas. He estado trabajando con la memoria, la complejidad de las relaciones, y cómo las cosas que son familiares puede volverse distantes y amenazantes al mismo tiempo. Con Tarde para Morir Joven continúo con esta búsqueda, pero voy más lejos. Fue un desafío de muchas maneras: quería abordar una forma más abierta, precisa pero libre, y también ir contra algunas reglas personales. En mi primer largometraje, estaba interesada en la perspectiva directa y dura de los niños sobre las cosas. Esta vez, estaba trabajando también con adolescentes, personajes invadidos por una fuerte curiosidad natural sobre las cosas, y una relación frontal con la naturaleza y sus miedos. Por lo general, mis películas ocurren fuera de la ciudad. Los espacios y sus relaciones con los personajes son importantes para mí. Esta vez, quería borrar los límites entre las personas y su entorno, en esta comunidad en construcción. Quería explorar el sentido de pertenencia, y la ilusión de propiedad que tenemos sobre las relaciones, las personas e incluso la tierra.”
En cuanto a los desafíos que enfrentó, la directora expresa que lo más difícil fue “intentar hacer un retrato colectivo. Fue como capturar un estado mental. En cierto modo, hablar de cada uno de ellos también fue definir la forma general de las cosas. La atención está puesta en algunos, pero en todos al mismo tiempo, dándole importancia al grupo antes que a los individuos. Es una película con digresiones, intermitencias. Tal vez esto tenga que ver con la forma en que recordamos cosas.”

Con respecto al elenco, Sotomayor no quiso hacer un casting tradicional: “Los actores son varios, y de muy diversos orígenes. Empezamos buscando chicos y adolescentes, no quería que tuvieran experiencia previa en cine o televisión. Junto a la actriz y directora de casting Francisca Castillo, mi madre, buscamos vecinos y grupos de amigos, especialmente entre la gente que vive en la comunidad. Hicimos un taller inclusivo con unos 15 jóvenes, todos los participantes iban a estar en la película de una forma u otra. De ese grupo definimos tres protagonistas y los otros hicieron roles menores. Luego definí a los adultos, lo cual fue muy rápido y espontáneo. Tenía en mente a algunos desde el guión, como Antonia Zegers o Alejandro Goic; los demás salieron de la gente de la comunidad, como Andrés Aliaga, el papá de Sofía, que es pintor y vive ahí. Quería trabajar con los vecinos, rescatar esas experiencias particulares; esos recuerdos que harían a la película sentirse viva.”








