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2019-01-22
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FICCIÓN: ROMA, DE ALFONSO CUARÓN: MI VIDA COMO HIJO
El prestigioso realizador mexicano encuentra en su pasado la historia perfecta para su última producción, sumando 10 nominaciones al Oscar 2019.

“Es imposible seguir siendo la misma persona de antes después de hacer un experimento en el que te remites a tus recuerdos más lejanos” arranca Alfonso Cuarón, el director mexicano que ganó numerosos premios (incluidos dos Oscar) por sus anteriores trabajos, y ahora se dedica a cosechar más galardones con Roma, su octava película.
Tras el éxito arrollador de Gravedad (Gravity – 2013) en la cual llevó a Sandra Bullock a una aterradora estadía en el espacio, Cuarón prefirió centrarse esta vez en algo, digamos, más “modesto”, inspirándose directamente en su infancia, transcurrida en el barrio de Ciudad de México que da nombre a la película. Allí, el pequeño Alfonso soñaba con aviones y con convertirse en astronauta.
Sin embargo, la protagonista de esta historia en blanco y negro es Liboria Libo Rodríguez, la niñera mixteca que llegó a la casa de los Cuarón Orozco cuando el futuro cineasta tenía nueve meses. “Es uno de los seres que más amo en la vida, y ella se traduce en el personaje de Cleo”, describe el director. En la trama, contrasta su verdad con la de sus hermanos y la de Libo, para ensancharla, llenarla de detalles que traspasaron los límites de la casa de la infancia abordando el conflicto entre clases y razas, en el que Libo-Cleo representa un caso peculiar: “Desde un principio yo le dejé claro lo que quería hacer, y tuve innumerables conversaciones con ella para conocer detalles muy dolorosos de su vida. Durante mucho tiempo tuve miedo de extralimitarme, de acabar poniendo demasiadas de sus intimidades en el relato. Pero su reacción al ver la película me tranquilizó” revela el director.

Desarrollada a principios de los años 70, rodada en castellano y mixteco, la película presenta como telón de fondo la feroz violencia de la masacre de Corpus Christi (acaecida el 10 de junio de 1971) y el auge de grupos paramilitares. Cuarón optó por una actriz no profesional para el rol principal (Yalitza Aparicio) y puso la distribución en manos de Netflix, además de asumir múltiples funciones (director, guionista, director de fotografía y editor): “Roma ha sido el film más complejo que he hecho. Fue más complicado que Gravedad o Niños del Hombre (Children of Man – 2006) ya que en ambas contaba con unas redes de seguridad en el sentido narrativo y del género. Sin embargo, aquí no puse red: fue un salto al vacío.”
Y continúa: “Mi amigo Guillermo Del Toro suele decir que hay películas como esas cajas de cereales que de niño devoras para poder tomar el premio, que está al fondo. Si tienes la suerte de hacer una película de éxito te llevas el premio, y puedes canjearlo por lo que quieras. Para mí Gravedad fue una de esas películas; gracias a ella me ofrecieron proyectos muy grandes en Hollywood. Pero me di cuenta de que podía canjear el premio por la película que siempre quise hacer, y que debería haber hecho ya, pero con todos los recursos que yo quería. Ya no tenía excusa para no regresar a México y, como digo, quizá debí haberlo hecho mucho antes”
Tal vez se tratara de una deuda que tenía consigo mismo: “Todas las películas responden a necesidades, y cada necesidad tiene un origen específico. Cuando hice Niños del Hombre, por ejemplo, mi objetivo fue tratar de entender las tendencias políticas y sociales que estaban marcando la entrada en el siglo XXI; otras de mis películas han respondido a necesidades puramente logísticas, ya fueran económicas o incluso geográficas. Y Roma es fruto de una necesidad casi existencial, como en su día lo fue Y tu Mamá También (2001).” Cuarón recuerda que “cuando hice esa película en México llevaba cierto tiempo trabajando en Hollywood y había llegado a sentirme vacío, y gracias a ella fui capaz de redescubrir las razones por las que siempre quise hacer cine. En el caso de Roma lo que el cuerpo y el alma me pedían era reconectar con mi país, pero también entender cómo el paso del tiempo ha afectado mi relación con mi familia y mi sociedad, y con una condición humana de la que soy parte; en otras palabras, confrontar lo que soy ahora con lo que fui. Mientras rodábamos en Ciudad de México, para mí cada esquina estaba cargada de pasado.”

Al parecer, Roma es lo más autobiográfica que se pueda ser: “Prácticamente todo lo que aparece allí pertenece a mi universo de infancia y sobre todo al de una de las mujeres que formaron parte de ella, y que es una de las personas que más amo en el mundo. Por eso, mi gran herramienta para hacer la película fue la memoria. Y lo fascinante de la memoria es que cuando accedes a ella te encuentras con un largo pasillo flanqueado con infinitas puertas, y cada una de esas puertas da acceso a otro pasillo flanqueado por infinitas puertas. La memoria es la única verdad que tenemos, y es lo que somos.”
Sobre las sensaciones al volver a filmar en su país, es contundente: “Un país donde la parte problemática no ha cambiado nada. De hecho, los problemas se han agudizado. Se han agudizado de una manera exponencial. A casi 50 años, está muy claro que hemos vivido en una inercia política que, al mismo tiempo, ha permitido y fomentado el que las cosas no cambien, sino que empeoren. Eso por un lado. Pero por el otro, en contraste a eso, fue regresar a un México que estaba trabajando, y eso fue muy sorprendente, muy alentador. Qué vibrante es la sociedad. El México de los 70 era muy claustrofóbico como parte del nacionalismo revolucionario, ese priismo que fomentaba todo un sentir de monolítico. De repente fue estar en una sociedad itinerante donde toda una generación reclamó el mundo como propio con un gran orgullo de ser mexicanos.”
Al ser producida por Netflix, la película tendrá poca presencia en cines, estando destinada a ser vista mayormente en la pantalla chica. Pero Alfonso no se inquieta por eso: “¿Cuándo fue la última vez que viste una película de Kurosawa o de Pasolini en una pantalla grande? El destino final del cine es ser visto en pantallas pequeñas. Hay que resignarse a la realidad: que hay una nueva generación que no está interesada en las salas de cine. Y, a pesar de eso, las películas encuentran su camino. Creo que es fundamental que las salas de cine sigan existiendo, pero no acepto que el debate sea reducido a una lucha entre quienes protegen el cine y quienes ven Netflix. No es eso. Lo único que uno busca al hacer una película es que exista en el tiempo.” Y analiza: “Pero la posteridad es algo que está fuera del control del artista. Muchas películas hoy consideradas obras maestras en su tiempo fueron ignoradas o rechazadas. En su día Niños del Hombre pasó sin pena ni gloria, y una década después ha sido redescubierta. Ahora bien, ¿logrará retener ese estatus? ¿Logrará Roma resistir la prueba del tiempo? Prefiero no pensar en ello.”








