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2019-04-08
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FICCIÓN: LOS DÍAS DE LA BALLENA, DE CATALINA ARROYAVE RESTREPO: LOS MUROS SON NUESTROS
La directora colombiana presentará su ópera prima en el BAFICI, tras un exitoso paso por el SXSW Film Festival y el Festival de Cine de Cartagena

Catalina Arroyave Restrepo estudió comunicación y cine en Colombia, Argentina y Cuba. Su primera película fue rodada en su totalidad en Medellín, en formato de cine digital y con un presupuesto de 480.000 dólares.
Cuando era asistente de dirección en el cortometraje Madre, de Simón Mesa (2016), recuerda que estaba cerrando durante un rato una calle en un barrio popular y tradicional de Medellín y un hombre se le acercó: “A vos quién te dio permiso sobre qué se debe hacer en mi hijueputa barrio”. Le temblaron las piernas. Cayó en la cuenta de que no estaba en territorio neutral. “De alguna forma uno siempre está negociando en esos lugares”, comenta. Esa historia le sirvió de inspiración para su largometraje. Existen leyes y normas para escribir un grafiti: hay quien da los permisos, hay quien los niega. Los muros tienen dueños.
Los Días de la Ballena cuenta la historia de Cristina y Simón, dos jóvenes grafiteros y muralistas de Medellín. Su espíritu rebelde, junto a una intensa amistad, los lleva a desafiar las dinámicas de violencia que existen en esta urbe. El amor que los une, su amistad con los artistas de La selva (una casa abandonada que utilizan como refugio) y los conflictos familiares que nacen de su diferencia de clase social, se trenzan para contar una historia donde la fuerza poderosa de la juventud se enfrenta al miedo, para dejar una huella entre las montañas de Medellín. Dice Catalina: “Esta película es la manera que encontré para hablar de las distintas experiencias que marcaron mis años de crecimiento. Desde tener la sensación de ser inmortal y poder desafiar lo que se me pusiera en frente, hasta haberme enamorado de mis mejores amigos y haber crecido en la violencia tácita y silenciosa a la que nos acostumbramos los que vivimos en Medellín, sabiendo que hay calles que no se pueden cruzar porque son de alguien y hay que cosas que no se pueden decir duro porque se molestan los poderosos. Necesitaba hablar de esos años para liberarme de ellos, hacerles una especie de duelo y reconocer quién soy ahora.”

El reto para ella fue contar lo que sucede en estos territorios como una experiencia visual y sonora, aunque también descubrir su crecimiento personal y sus experiencias: “La película es mi mirada sobre algunos aspectos de la ciudad, se concentra en ciertas cosas, traté de ser muy honesta. Creo que refleja esa corriente actual que vive Medellín en la que muchos artistas están haciéndole frente a las consecuencias de nuestra historia violenta a través del arte urbano, de la música, del cine. También es una mirada que se centra en familias de clase media alta y baja, que lidian con distintas realidades. Refleja una Medellín fragmentada, que a veces logra ser una sola.”
La pareja protagónica es interpretada por Laura Tobon y David Escallon: “Trabajar con ellos fue la mejor parte de la película, lo que más disfruté, lo que más me enseñó de mí misma. Laura y David son seres excepcionales, ambos con una capacidad enorme para la actuación. Es la primera vez que se aproximan a estar frente a la cámara, vivimos un proceso de tres meses en donde aprendieron a ser grafiteros y actores al mismo tiempo. Cada uno es sensible, poderoso y genuino. Fue un regalo haberlos encontrado.”
Pero, ¿qué simboliza la ballena en la película? Arroyave revela que “la ballena es una metáfora de la pérdida de la inocencia, de ese vigor que se pierde con el tiempo. Algo se muere en uno después de estrellarse con la realidad muchas veces. En la película la ballena muere, pero revive en la pared que los chicos pintan. También es una metáfora de lo que la gente en mi ciudad decide no ver a pesar de que esté en cada esquina. Pero me gusta que sea una puerta al misterio, algo que cada espectador revele por sí mismo.”

El espectador se va a a encontrar, según la directora, con una ciudad muy viva, llena de color, creación, de grafiteros y muralistas que narran la ciudad: Srok, Rarónica, el colectivo Los Chonetos, Señor Ok, Slimo, El Fish, El Don Chi, La Plaga, Yaf Azz, Birol, Jomag, Balam, Devil Payo, Pirañas Crew, y todos los que inspiraron con su arte la película.
También Medellín está cantado desde la música, “desde diferentes géneros y cada vez con mejores exponentes”. Las bandas que hacen parte del film son en su mayoría locales: “La música es mi amor platónico. Quería que fuera una parte importante de la narrativa, porque crecer sin música es imposible. Así que elegí varios temas locales para hacer parte de la película: canciones de rock (Los árboles, Hombre memoria), hiphop (Alcolyrikoz, Mañas, Granuja, Doble porción), de bandas emblemáticas de Medellín que en sus letras son muy potentes. También bandas de salsa (Siguarajazz) y reggaetón (DJ Nelson y Alberto Style) que revelan un temperamento más festivo, muy propio de nuestro universo. El bolero (Convergencia de Miguelito Cuní) es un homenaje a éste, que es uno de mis géneros favoritos.”
Catalina cree que es importante para el público ver películas hechas por directoras: “Chimamanda Ngozi, escritora nigeriana, habla sobre el peligro de tener una historia única sobre cualquier asunto. La historia no ha sido narrada por voces femeninas en cientos de años de cultura occidental, así que tener una versión de la experiencia de estar en el mundo desde una mujer puede enriquecer nuestras visiones de la experiencia humana.”
Para lo que se viene, Arroyave cuenta que “estoy empezando a trabajar en un nuevo guión que continúa la exploración del universo femenino en la etapa del crecimiento, esta vez dentro de un colegio católico.”








