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2020-03-03

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DOCUMENTAL: AMERICAN FACTORY, DE JULIA REICHERT Y STEVEN BOGNAR: VIVIR PARA TRABAJAR, TRABAJAR PARA VIVIR

Barack y Michelle Obama debutan como productores con este trabajo presentado por Netflix, que obtuvo este año el Oscar al Mejor Documental

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American Factory (Julia Reichert – Steven Bognar – 2019), retrato de la Ohio postindustrial que describe la inexorable marca de la globalización al interior del mundo fabril y manufacturero de los Estados Unidos. Los cineastas registran las consecuencias del choque cultural entre trabajadores estadounidenses y chinos, viendo cómo se adaptan a este acuerdo en sus hogares, así también como el drama que sucede cuando la planta no cumple con las expectativas iniciales y comienzan las conversaciones sobre la sindicalización

Después de registrar previamente el cierre de la planta local de General Motors en su corto documental nominado al Oscar The Last Truck (2009), en 2015 los realizadores Steven Bognar y Julia Reichert volvieron a manejar nuevamente los 20 minutos desde su casa para hablar con los trabajadores de la fábrica en circunstancias considerablemente diferentes. Cuando en 2007 tenían que acampar afuera para conseguir entrevistar a los empleados sobre la pérdida inminente de un trabajo estable, esta vez fueron recibidos con los brazos abiertos por Fuyao, la nueva compañía en la ciudad que realizaría una inversión de 500 millones de dólares en la comunidad, al abrir la planta. Julia relata que “el corto fue contado desde el punto de vista de los trabajadores que iban a perder sus trabajos al final y realmente no tuvimos acceso a los jefes y gerentes. Nadie de GM hablaba con nosotros. No teníamos acceso a reuniones ni nada por el estilo e incluso si lo hubiéramos tenido, no estoy segura de que hubiera sido el camino correcto. Y lo que le estaba sucediendo a los trabajadores, a los obreros, en todo el país y ciertamente en todo el interior y en el Medio Oeste donde vivimos era lo más importante: la gran cantidad de pérdida de empleos y las comunidades devastadas. Al principio, hablamos con personas en sus autos cuando salían del trabajo. Aparecíamos día tras día con el letrero ‘¡Manténganse fuertes! ¡Gracias por su trabajo!’. Eventualmente la gente comenzaba a parar sus coches y nos decían algunas palabras. Luego, con algunos de ellos nos encontrábamos en un bar local o en sus casas. Pero realmente, el foco estaba en los operarios. Y lo que sucedió ahora con esta película fue que teníamos acceso a todos, y no podíamos seguir solamente a los trabajadores manuales. Ese no era el corazón de la historia. La historia macro es esta rivalidad, se podría decir, que está sucediendo entre China y los EE. UU. y la idea de que nuestra ciudad obrera de Dayton, Ohio, iba a cambiar de alguna manera por la llegada de esta compañía china. No sabíamos cómo, pero sabíamos que iba a ser interesante e importante.”

Los empleados y ejecutivos de EE. UU. y China tenían grandes esperanzas sobre la nueva fábrica, que pondría ventanas en los autos de GM, Chrysler, Toyota y Honda, pero también existía una gran incertidumbre sobre cómo iban a encajar las dos culturas, particularmente cuando los estándares chinos para la productividad incluyen prácticas en el lugar de trabajo que son desconocidas, o incluso podrían considerarse ilegales, en los Estados Unidos. (‘Solo ocho horas al día, esa es una vida fácil’, se puede escuchar a uno de los trabajadores traídos del continente para trabajar en Dayton, y otro se maravilla de que los estadounidenses tengan tiempo para tener dos trabajos, si lo desean). Por lo que el cambio de perspectiva estaba asegurado: “Cuando comenzamos esto, sabíamos que la rivalidad entre China y Estados Unidos era una de las grandes historias del siglo XXI, y eso que el nuevo presidente aún no existía; todavía estábamos en el período previo a las elecciones” explica Julia, y continúa: “Pero recuerdo haber entrado en la fábrica Fuyao las primeras veces y, por un lado, te impresionaba como cineasta por su belleza: la gente inspeccionando el vidrio y bañados en esa luz hermosa, casi cinematográfica; pero entonces, bastante rápido, comenzamos a notar que había varios cientos de personas de China continental que nunca antes habían estado en EE. UU., prácticamente nunca habían estado en ningún otro lugar, y aterrizaron en Dayton, Ohio, teniendo que hacer una vida allí. Muchos de ellos han pasado uno o dos años desde que vieron a sus hijos, y muchos gerentes compraron casas suburbanas donde tuvieron que aprender a cortar el césped y llevar a sus hijos, que no hablaban una palabra de inglés, a la escuela. Así que al principio pensamos: ‘Guau, esto los está impactando, pero también a nuestra comunidad porque hay varios cientos de familias chinas, algunas de ellas al menos entrando al sistema escolar y comprando en el supermercado’, y pensamos que habría tenido un impacto en nuestra comunidad. Pero también nos dimos cuenta de que para realmente meternos en la vida de los operarios chinos como Wong (ingeniero principal de hornos en Fuyao Glass America] y como Daquin Liang (supervisor principal), a quien ves en la película, no podíamos hablar con ellos. No hablamos chino mandarín. Así que quisimos traer a productores de campo chinos y, finalmente, coproductores chinos, porque si vamos a entrar en los corazones, las mentes y las vidas de los obreros estadounidenses, nos dimos cuenta de que esta historia realmente exigía que nos metiéramos en los corazones y las mentes y las vidas de los obreros chinos también, que era una tarea mucho más difícil por muchas razones, pero una importante era el idioma”. Bognar agrega que “como documentalistas, siempre nos preguntamos, ¿cuáles son los riesgos para todos? Todos en algún nivel u otro tienen riesgos, por lo que debemos profundizar en ellos.” “Nuestros corazones estaban con los obreros estadounidenses a los que conocimos en nuestro corto anterior, y entendimos lo que estaba en juego para ellos, que era: ‘¿Voy a tener una vida segura nuevamente? ¿Este trabajo va a ser un buen trabajo? ¿Me tratarán con respeto en Fuyao? ¿Cómo será?’ Pero lo que estaba en juego iba a ser diferente para los trabajadores manuales chinos y realmente teníamos que centrarnos en eso” expresa Julia.

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American Factory (Julia Reichert – Steven Bognar – 2019): “Los trabajadores que conocimos en China están comprometidos no solo a construir la compañía, sino también a su país, de alguna manera que no creemos que los trabajadores estadounidenses compartan hoy en día. No se sienten muy bien por cómo su país los ha tratado. Y tampoco se sienten muy bien sobre la dirección en la que va la clase trabajadora de los EE. UU. Hay un verdadero sentido de misión en China”

Los realizadores pasaron dos semanas en China para visitar la fábrica allí e imbuirse de su cultura en varios sentidos, y Steve explica: “Las dos semanas en China fueron muy reveladoras. Es difícil de expresar con palabras, pero la analogía que uso es que pensé que había comido comida china porque he estado yendo a restaurantes chinos aquí en los Estados Unidos durante décadas, pero cuando llegamos allí, nos sentamos y tuvimos nuestra primera gran comida china; era tan rica, matizada, compleja y deliciosa que fue como si nos abriera un mundo completamente nuevo. Y eso es análogo a nuestra experiencia cultural de estar allí: la profundidad de la gente, su calidez, la historia de su cultura, tenía tantas capas. Es paralelo a nuestro país y nuestra cultura aquí, pero era tan nuevo y abrumador.” Julia aporta: “Y más o menos lo que estábamos haciendo en China era estar en las fábricas de Fuyao en Fuqing, así que, por supuesto, al principio teníamos gente que caminaba con nosotros, pero nuestro equipo es documentalista experimentado, así que siempre encontrás maneras de alejarte y hablar con la gente mientras trabaja o en la cafetería. Estar allá nos ayudó a comprender mucho mejor la colisión cultural que estaba ocurriendo y por qué los chinos, ya sean gerentes, obreros o personas que capacitan a trabajadores estadounidenses, estaban teniendo dificultades para tener éxito en Estados Unidos porque veíamos cómo sus fábricas funcionan: la eficiencia, la velocidad y la forma en que aprenden es muy diferente de la forma en que los estadounidenses entienden cómo es aprender un nuevo trabajo. Entonces, estos chinos trajeron todo eso con ellos y la verdad que no se les dio mucha orientación sobre cómo negociar con éxito con un estilo de gestión y un estilo de capacitación estadounidenses.”

Con tanto material encima, y a diferencia de trabajos anteriores, Bognar y Reichert sintieron la necesidad de contratar alguien que se encargara de la edición: Lindsay Utz. Steve cuenta que “Lindsay se sumó al proyecto en el verano de 2017. Todavía estábamos filmando muy intensamente en ese momento, y ella pasó los primeros seis, siete u ocho meses solo viendo cientos y cientos de horas de metraje. En total, tenemos 12.000 horas de material y nada más para entenderlo, ella se sumergía y se sumergía en el metraje día tras día, en todas las cosas que ya habíamos filmado mientras todavía estábamos grabando todos los días. Y esta película tiene cinco realizadores principales y luego gente adicional de cámara para grandes eventos, por lo que era mucho material: los cinco íbamos a la fábrica en diferentes áreas y filmábamos simultáneamente porque seguíamos a diferentes personas, así que la cantidad de imágenes que volvían a la sala de edición era voluminosa. Lindsay, Julia y yo, y también Jeff Reichert, nuestro productor/director de fotografía, llenamos una enorme pared con fichas de los hilos de historias y personas que habíamos estado siguiendo y lo comentamos durante casi una semana. Al final de esa semana, teníamos la noción de una primera dirección en la que ir. El comienzo de una estructura.” Julia asiente: “estoy muy, muy contenta de haber elegido a Lindsay porque desde el principio dijo: ‘Miren, chicos, creo que deberíamos hacer esta película basada en escenas que están capturadas frente a la cámara’, o sea, escenas reales, a pesar de que filmamos muchas, muchas horas de entrevistas sentadas, bellamente iluminadas con todos los personajes y otros personajes que ni siquiera están en la película. Ella dijo: ‘Usemos esas entrevistas como voz en off’, y siempre habla de pinceladas, como ‘Todo lo que necesitamos es un pequeño trazo de pincel y la audiencia lo entenderá’, así que realmente nos atrajo en esa dirección.”

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Los directores Steven Bognar y Julia Reichert en el set de American Factory (2019). Antes del montaje, el ex presidente Barack Obama y la ex primera dama Michelle Obama, productores del proyecto, dieron algunas indicaciones, como que se diera voz a la gente más humilde, un claro gesto al origen que ambos comparten, ya que ambos crecieron en familias de clase trabajadora: él, en Hawai; ella, en Chicago: “Queremos gente que sea capaz de salir de sí mismos y experimentar y entender las vidas de alguien diferente”, comenta el ex presidente en un video promocional publicado por Netflix. Algo que comparte la ex primera dama: “Una de las cosas que más me gustan del documental es que deja a los protagonistas decir lo que quieren decir. No es editorializante”.

Bognar se emociona ante el recibimiento que el documental tiene en el público: “Es maravilloso. Nos sentimos muy afortunados de que la película tenga esta respuesta tan fuerte. Hemos estado haciendo películas durante mucho tiempo, pero nunca hemos tenido una película con tanta demanda, y las conversaciones que mantuvimos, ya sea en San Francisco con una audiencia mixta asiático-estadounidense o en el corazón de Detroit o en Cleveland, donde hablamos con muchos trabajadores manuales, ex trabajadores industriales… esperamos que esta película genere conversaciones intensas. Intentamos hacer algo que fuera imparcial porque muchas conversaciones en estos días están polarizadas. Inmediatamente levantan las barreras y sentís que no podés hablar con nadie.” Julia finaliza: “Sí, todo el mundo lo disfruta, pero creo que al final es inquietante. No es una película que cuando termina te parás y festejás. Estaba pensando que es un poco como el final de El Graduado (The Graduate – Mike Nichols – 1967), donde viste pasar todas esas cosas, pero luego, en la última escena, surge una especie de realidad nueva y te das cuenta de que ’bueno, hay incluso más de lo que yo vi en toda esta historia’. Y de verdad queremos generar preguntas, y responderlas, o al menos, abordarlas y comenzar debates.”

FUENTE: www.moveablefest.com