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2018-10-01

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FICCIÓN: CAFARNAUM, DE NADINE LABAKI: NIÑOS DEL HOMBRE

La dura historia enviada por el Líbano para competir en la categoría Mejor Película Extranjera a los Oscar 2019 tiene el sello del drama social de un país castigado.

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Cafarnaúm (Capharnaüm – Nadine Labaki – 2018) pone en marcha la demanda de un chico a sus padres por haberlo traído a este mundo donde ni se respeta ni se reconoce su dignidad, obligándolo a vivir en la pobreza extrema, moral y física. El niño exige justicia y, como compensación, que esa justicia prohíba a sus padres tener más hijos: “Era necesario que los actores conocieran las condiciones que narra la película. Lo siento como una obligación hacia las personas cuya causa defiende el largometraje”

Nadine Labaki parece haber capturado los corazones de las audiencias de todo el mundo con esta fábula contemporánea de carácter político sobre un niño que se rebela contra la vida que le han impuesto vivir y lanza una demanda. Desde Cannes (donde ganó el Premio del Jurado) a Sarajevo y Melbourne (ambos festivales le otorgaron su Premio del Público), el film claramente resuena entre el público y será una de las más grandes candidatas al Oscar a Mejor Película de Habla no Inglesa en 2019.

La directora y actriz libanesa creció en un país en guerra, así que sus juegos no fueron como los de cualquier nena de su edad. Siempre encerrada, confinada, protegiéndose demasiadas veces tras sacos de arena. Fue entonces cuando estableció una relación especial con la televisión. Allí encontraba lo que quería vivir, los sueños que la realidad de su país, Líbano, le arrebataba. “Tenía apenas 10 u 11 años y decidí que me iba a convertir en cineasta. Le dije a mi padre que algún día me vería en el festival de Cannes”. Todo el mundo se reía de ella. Misión imposible, le decían. Líbano es un país en guerra, sin industria cinematográfica, sin ilusiones ni futuro. Pero ella lo logró.

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La directora Nadine Labaki junto a Zain Al Rafeea en el set de Cafarnaúm (Capharnaüm – 2018): “Tuve un problema con la palabra ‘actuar’ en la película. Yo no quería que actuaran, solo quería que fueran exactamente lo que son. Por eso me puse al servicio de los personajes, y no a la inversa, a pesar de que se trata de una película guionada.

Desde hace tiempo que viene cosechando galardones con ésta, su tercera película, y con las anteriores, Caramel (2007), ¿Y Ahora Dónde Vamos? (Et maintenant on va où? – 2011), comedias que ella misma protagonizaba. Aquí, en Cafarnaúm (Capharnaüm) eligió un tono completamente distinto: “Creo que es normal que uno, como cineasta, madure con el tiempo, y con esto, desarrolle una percepción cambiante del mundo y los problemas que enfrentamos a diario, por lo que creo que es normal que cambies tu enfoque cinematográfico. Como narradora, es imposible que haga la misma película una y otra vez. Ya no es un desafío para mí, así que era importante que explorara otra cosa. Pero no solo por el gusto de hacerlo, sino por la necesidad de explorar un tema crucial de manera muy seria, profunda, verdadera y auténtica. Y fue, para mí, la forma de hacerlo. No es un cambio deliberado de ritmo o estilo. Es justo lo que la película necesita de mí, y necesitaba intentar reflejar lo más posible esta realidad. Tratando de profundizar en lo que estos chicos están pasando; interviniendo menos como directora o como guionista, en el sentido de que necesitaba tratar de ser lo más invisible que pudiera y no manipular lo que queramos, en el rodaje. Incluso, todos los lugares que filmamos era locaciones reales; siempre fueron personas reales, sin extras. La gente estaba allí. Los prisioneros eran prisioneros reales. La prisión fue real. Incluso los dibujos en las paredes son dibujos reales de chicos reales que vivían en esos departamentos. Por lo tanto, correrme del tono no fue deliberado, era lo que la película necesitaba. Y yo necesitaba ser muy fiel a lo que estaba diciendo.”

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La directora Nadine Labaki y su equipo en el Festival de Cannes 2018, donde estuvo nominada a la Palma de Oro por Cafarnaúm (Capharnaüm – 2018): “Cuando era chica, cada día veía una película nueva que me transportaba fuera de la guerra, lejos del diminuto Líbano para convertirme por una hora en cualquiera de sus personajes”

Con respecto a las actuaciones de los niños protagonistas, Nadine expresa que: “Mientras filmaba, estaba abierta a todo lo que me daban como un reflejo de sus propias experiencias. Nunca tuve un guión conmigo en el que les dijera que tenían que memorizar esto o decir estas palabras. Sabíamos a dónde íbamos con cada escena, sabíamos cómo comenzaba, cómo terminaba y necesitábamos lograr eso. Filmábamos la escena con cada una y sus propias palabras y expresiones, y luego lo hacíamos dos o tres veces más hasta que lo obtuviéramos a la perfección. Pero nunca estuvo escrito en piedra. Nunca fue orquestado, nunca estructurado. También era importante para mí, como narradora, no tener miedo de probar cosas nuevas; no tenía miedo de que dijeran frases que no estaban escritas, y quería que usaran sus propias palabras, palabras que ellos vivieron y experimentaron. Estaba profundizando en la situación con ellos. Si hubo, en algún momento, algo que sintieron que querían decir porque era algo que conocían personalmente o una situación en la que habían estado, lo recibí totalmente. Así es como lo hicimos.”

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Cafarnaúm (Capharnaüm – Nadine Labaki – 2018): “Muchos elementos en la película pueden haber sido guionados. Pero en la vida real, Zain definitivamente habría conocido a alguien como Rahil y habría sido parte de su vida de alguna manera. Y en la vida real, Zain conoce a chicos que se casaron a los doce años o que fueron vendidos a esa edad. Zain conoce a niños que de hecho han sido abusados. Todo lo que hay en la película es dolorosamente realista”

Al obtener tanto realismo, uno se pregunta cuánto de ficción hay en toda la historia. Dice Labaki: “Hubo mucha investigación, y duró más de cuatro años. Muchos de los detalles que se ven en la película final se basan en esta investigación, pero hay cosas que son un poco más simbólicas. La escena de la corte en sí o de la demanda. En la vida real, esto no es realista, en realidad no existe. Un niño no puede demandar a sus padres porque – como lo estipula la ley – un menor debe tener un tutor para poder demandar a alguien, y en la mayoría de los casos, el tutor son los padres, por lo que fue un elemento muy simbólico en la película. El simbolismo, sin embargo, no se contradice con el realismo, porque lo que aparece en la película se basa en lo que estos chicos solían decirme al hablar con ellos durante la investigación. Cuando solía preguntarles: ‘¿Estás contento de estar vivo?’, la respuesta, la mayoría de las veces, era: ‘No. No estoy feliz de estar acá. ¿Por qué estoy acá? ¿Por qué me dieron la vida si no iban a amarme? Si ellos no van a nutrirme, ¿por qué me traen aquí? Todo estuvo inspirado en lo que decían, y así se convirtió en esta demanda que Zain conduce contra sus padres y contra todo el sistema.”

La directora espera lograr con su película que “se cree un debate sobre este tema y crear conciencia real. Quiero decir, no estoy aquí para hacer que la gente sea consciente del problema porque la gente ya conoce el problema; lo que estoy buscando es solo un cambio de perspectiva. Para mí, ese es el verdadero objetivo de la película, y eso es lo que la película ha logrado hasta ahora. Esto es lo que la gente viene y me dice: ‘Soy una persona cambiada. Veo las cosas de manera diferente. No podría seguir con mi día normalmente después de ver esto. No podría ver la vida de la misma manera, tengo un cambio completo de perspectiva. Veo a estos chicos de una manera diferente’. Esto es lo que me propuse hacer desde el principio. Y luego, más adelante, si en el Líbano somos capaces de implementar cambios a través de los cuales podemos proponer ciertos proyectos o cambio de leyes o estructuras que puedan ayudar un poco, entonces realmente habremos creado algo significativo e impactante. Como cineasta, debería usar mi influencia para hacer eso en cada oportunidad.”

FUENTE: www.awardswatch.com