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2018-07-24
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DOCUMENTAL: ATA TU ARADO A UNA ESTRELLA, DE CARMEN GUARINI: EL TRABAJO DE LO INALCANZABLE
Tras dos décadas de registrar la vida del prestigioso realizador Fernando Birri, llega a los cines este documento que abraza su legado.

La cineasta y antropóloga Carmen Guarini (Tinta Roja – 1998, Calles de la Memoria – 2012, Walsh Entre Todos – 2015) le rinde un emotivo homenaje a un grande del cine latinoamericano, Fernando Birri, autor de films como Los Inundados (1962), El Siglo del Viento (1999) o El Fausto Criollo (2011), entregando un registro del director, realizado a lo largo de veinte años. Ata tu Arado a una Estrella cuenta con un invalorable material de archivo que parte de una cinta que en 1997 Guarini comenzó a grabar, mientras Birri rodaba un documental a propósito del 30° aniversario de la muerte del Che Guevara (Che: ¿Muerte de la Utopía? – 1999). La película definitiva de Carmen se completa con visitas a Cuba y a Roma, donde Birri estudió, así como con entrevistas cuando ya la enfermedad lo tenía refugiado en su casa, en sus últimos tiempos de vida.
“En 1997, Fernando venía a filmar a la Argentina después de mucho tiempo. A mí me interesaba la idea loca de cómo iba a filmar la utopía. Me parecía que era algo especial, porque es un concepto tan abstracto…”, cuenta Guarini. “Además, siempre estuve muy atrapada por la figura de Fernando, por más que algunos me decían ‘Fernando se autoconstruye, es performático’, pero a mí me pareció que aun en ese histrionismo era una persona muy auténtica. Me conmovía su poesía, su poética, su forma de expresarse, sus grandes obras que fueron sus dos escuelas. Siempre me pareció que era un tipo que tenía claro su objetivo en la vida”, agrega. “Birri construía espacios de creatividad para que otros pudieran nutrirse”.

La directora explica que: “Yo inicié la película sin ningún tipo de apoyo ni nada. No sé cuán consciente tenía la idea de cuándo terminarla porque en esa época no tenía ningún tipo de financiamiento. No por nada, después hice Meykinof (2005) que, de alguna manera, yo las emparento porque allí pude plasmar cosas que salí a buscar en esta película (que en ese momento se llamaba Compañero Birri), como esta cosa de salir detrás de un creador. Y a partir de una idea que el creador establecía, trataba de empezar a descubrirla y ponerla en imágenes. Me interesa mucho cómo filmar lo abstracto, el pensamiento. Por ahí, no es la tarea más sencilla, pero por lo menos es la que más me motiva.” Y continúa: “En ese inicio yo había hecho ese registro y le intercalaba algunas entrevistas, más material de archivo. Cuando decidí terminarla hace dos años, me pareció que esa era una fórmula que ya no me interesaba. Me parecía que daba para más, que había que salir a explorar quién era Fernando hoy, en qué estaba, qué pasaba por su cabeza, y buscar algo. Cuando fui a Roma tampoco tenía claro que iba a hacer solamente unos diálogos. En mi fantasía, tenía la idea de salir con él a la calle, ir a la escuela de cine donde estudió, buscar otros tipos de encuentros; es decir, no caer tampoco en la mera entrevista, pero su condición física no se lo permitía. Y ya me lo había anticipado en el intercambio de mails que yo también pongo en la película. Ante eso, le di una cámara de registro para que filmara algo, como para buscar un tipo de giro formal en ese diálogo.”

Guarini manifiesta que “A pesar de que no tuvo la intención de ser un homenaje, creo que lo es más allá de lo que yo piense. Pero también más allá del homenaje, defiendo la idea de que es también una reflexión mía sobre la utopía a través de Fernando, de buscar esa línea de pensamiento hoy que justamente más lo necesitamos. Estamos en un momento muy crítico tanto en nuestro país como en el mundo, pero hablando de la propia aldea es un momento en que nos gana mucho la desesperanza. Y creo que, de alguna manera, esta película cae en un momento justo. Por eso, yo también quería hacerla ahora porque me parecía que era el momento de seguir hablando de las utopías. Insistir en eso y como decía Fernando: resistir sobre nuestras ideas. Las cosas que él se preguntaba ahora cobran un sentido particular. Y en otro momento de nuestra historia pueden cobrar otro, pero la utopía es realmente un norte en la vida. El norte son los proyectos que tenemos y los que tenemos como país que, sin duda, no es éste. Por lo menos, yo no quiero un proyecto de país como éste, el que estamos atravesando actualmente. Lo más interesante de la película es algo que alguien me decía: una redefinición de la utopía a partir de hablar de la resistencia. Creo que Fernando es uno de los que instaló de manera sistemática la idea de un cine social, crítico y realista, como decía él en su primer manifiesto. De hecho, a la primera película, Tire Dié (1960) se la llamó ‘La primera encuesta social filmada’. Y lo mismo pasa con Los Inundados, que es un cine social, obviamente con un contenido y una mirada política muy profunda.”
Con respecto al legado del realizador, Guarini expresa: “Creo que la genialidad de Fernando fue que cuando viajó a Roma a estudiar el neorrealismo italiano, fue con la misión autoimpuesta de que luego quería traer esos conocimientos, brindarlos y abrir un espacio a partir de ese cine en América latina. Y él fundó ese primer taller y, además, lo hizo en una universidad pública, en la que muchos de nosotros hemos caído (risas). No sé si había escuelas previas en el mundo. Tal vez en la Unión Soviética y, por supuesto, en Europa, pero en América latina no existían. Luego tuvo la genialidad de decir: ‘Vamos a hacer una escuela de los tres mundos”. Y sigue: “En cuanto a la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños (Cuba), pienso que su impronta fue idear la posibilidad de una escuela en un lugar así, en un país donde parecía que eso no podía ser posible. Y él lo hizo posible, junto con Gabriel García Márquez, Tomás Gutiérrez Alea, el mismo Fidel Castro, con quienes pergeñaron ese lugar. Y ese lugar ya tiene tres décadas de seguir formando generaciones, pese a todas las dificultades que han tenido esa sociedad y ese país.”

La directora analiza: “Es un momento de la historia del cine en la región, que tuvo sus propias improntas. Hoy todo eso ha estallado y por suerte en muchas direcciones tanto temáticas como formales. Eso es lo interesante: que todo se transforme. Uno ve que hay marcas que, sin buscarlas, están allí, en esa posibilidad creativa que los jóvenes, sobre todo los que salen de la escuela de Cuba empiezan a construir a partir de distintas experiencias desde distintos lugares. No nos olvidemos que Birri hizo Org (1963), una película experimental, extrañísima. La hizo casi en soledad, con dos o tres colaboradores. Se encerró diez años, hizo esa película y ¿quién iba pensar una película así desde Argentina? Era imposible pensarla tal vez desde aquí. Y era imposible también desde América latina, en general. Pero hubo todo un estallido de creatividad muy interesante que no se emparentaba más que con un cine constructivista como el alemán. También tomó cosas del cine soviético. Fue algo diferente, pero al mismo tiempo le metió la pasión, cosas del cine italiano. Hay toda una mezcla muy interesante y ahí hay cosas en potencia. Y él después trató de aplicarlas también en la Escuela de San Antonio de los Baños porque la escuela de Cuba era un lugar de experimentación todo el tiempo. Y hoy lo sigue siendo.”








