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2015-02-18
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FICCIÓN: “EL CLUB”, DEL CHILENO PABLO LARRAÍN: LA SOCIEDAD DE LOS CURAS PERDIDOS
Por Steve Chagollan
El polémico largometraje chileno sobre cinco sacerdotes de pasado oscuro y pedófilo haciendo penitencia obtuvo el Oso de Plata en la 65 edición del Festival de Cine de Berlín 2015.

El director chileno Pablo Larraín se distancia de la temática política de su último trabajo, “No” (2012), drama histórico nominado al Oscar como Mejor Película Extranjera que exploraba la campaña de publicidad contra el referéndum de 1988 que mantenía en el poder a Augusto Pinochet. En su nueva película, “El Club”, Larraín se mete en los escabrosos laberintos de la Iglesia y sus curas pedófilos, siendo ovacionado durante la proyección en Berlín, donde se hizo acreedora del Oso de Plata, Gran Premio del Jurado. La trama se centra en un grupo de sacerdotes católicos envueltos en casos de pedofilia, a quienes la iglesia esconde en una casa de un remoto pueblo, bajo la mirada siniestra de una monja carcelera.
Dice el director: “La historia se remonta a mis años en el colegio. Yo fui educado en colegios católicos. Y conocí a muchos curas, muchos de esos curas eran buenas personas. Curas respetables. Después conocí a curas que hoy en día están en la cárcel, o en procesos judiciales, y después me enteré de que hay curas que están desaparecidos, están perdidos. Y esa es la inquietud. ¿Dónde están esos curas? ¿Por qué desaparecieron? ¿Adónde los mandan? Y esas preguntas empezaron a surgir a partir de la investigación de la película. Por eso decimos que éste es “El Club”, el club de los curas perdidos. Nos dimos cuenta de que la Iglesia tiene una manera sistemática de trabajar basada en el secretismo y en el silencio. Cuando estos curas tienen algún problema, en vez de llevarlos ante la justicia civil, los llevan a un lugar desconocido en donde purgarán sus pecados por siempre”

“Pienso que en la medida en que la Iglesia católica no ha sido capaz de asumir sus propios errores, en que no ha sido capaz de castigar bien a quienes cometen atrocidades dentro de la Iglesia y en nombre de Dios, se ha transformado en una Iglesia alejada de la gente. Una Iglesia que no produce confianza y que se supone que es el canon moral, pero que, cuando comete el pecado, no pide perdón. Por tanto se produce una distorsión muy profunda y creo que la película da cuenta de eso”
“Yo creo que el Papa Francisco tiene un gran desafío por delante, y por lo que veo, ya ha hecho cambios interesantes; pero no son profundos ni estructurales. Si el Papa quiere realmente cambiar el destino de la Iglesia, debe hacer cambios muy profundos. Cualquier cosa que haga que sea tibia, que no sea realmente relevante, no tendrá ninguna significación en el tiempo”

Con respecto al celibato, Larraín expresa: “La Iglesia lo reinstauró hace algunos siglos atrás y eso es quizá uno de los errores históricos más poderosos que ha cometido. La idea de que el sexo es sólo un acto con un objetivo reproductivo es una aberración de la condición humana porque elimina el deseo y no se puede eliminar el deseo de nuestro cuerpo. O se organiza o se administra bien. Pero bloquearlo, intentar anularlo… si se deja el sexo como un acto reproductivo, es pedirle lo imposible a un cuerpo que tiene pasión, que tiene deseo, que necesita el sexo. En “El Club” hay una escena donde queríamos mostrar a la “víctima” en una aproximación sexual, un encuentro sexual fallido. Es tanta la distorsión de ese hombre que ha sido educado y abusado por sacerdotes tantas veces que a la hora de enfrentar una relación sexual normal no puede y pasa lo que pasa en la película”.
“Con los actores intentamos un método que no sabíamos si iba a funcionar o no. No les conté verbalmente el argumento, sólo lo hice de manera bastante ambigua, y luego íbamos leyendo las escenas durante el rodaje. Si la escena era corta, el mismo día; si era larga, la noche anterior. Lo que me permitió algo muy especial. Los actores, en primer lugar, son gente con mucho oficio. Enfrentaban la escena con una frescura muy particular. Este método nos permitió capturar eso. Aunque ninguno de los personajes sabía quién era el otro, ni sabían por qué estaban ahí, cuando se encontraban parecía que llevaran 50 años juntos y eso lo capta la imagen. Hay que aprender a conocer las posibilidades del cine. No digo que ésta sea la única manera de hacer cine. Hay grandes actores que han hecho grandes papeles preparándolos por meses y hay muchos métodos posibles. Pero éste es uno de ellos y también funciona”
Con respecto a qué se necesita para hacer un film, el director finaliza: “Lo importante es tener el coraje de poner el imaginario y los deseos de uno en la pantalla. Si uno hace eso y lo transforma en algo personal, es posible que eso le afecte a otros y que funcione. Si se pone uno a pensar solamente en el otro, en el espectador, entonces la película podría carecer de autenticidad. Y es ahí en donde se produce el error. Es una mezcla, pero parte de uno. Es uno el que tiene algo que decir y hay que organizarlo, pero hay que tener la fuerza y la voluntad de decir eso que a uno le pasa: ¿Cuál es tu deseo, tu motivación? ¿Qué te conmueve a ti? Y cuando lo haces, te das cuenta de que no eres tan raro y de que eso mismo puede conmover a otros”








